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Malos puertos: Lipari

Inicio con Lipari una serie dedicada a puertos mediterraneos que me parecen dificilmente recomendables, con independencia del interés del enclave en el que estén ubicados.

Lípari fue durante muchos años una de mis escalas preferidas del mediterráneo central. Bien es cierto que era un puerto sumamente desprotegido y completamente abierto a todos los vientos del primer y segundo cuadrante, pero en general y con tiempo más o menos estable la cosa funcionaba si de una corta escala se trataba. Y así fue durante muchos años: llegabas, fondeabas y dabas amarras al expuesto muelle. No pagabas nada y fuera de temporada, disfrutabas de una tranquila y más que atractiva escala.

Pero un año llegué y me encontré con un par de pantalanes como este:

Pues sí, pantalanes en medio del mar, con sus muertos y demás parafernalia de rigor, explotados por un par de compañías privadas. En ellos los barcos siguen tan expuestos como antes, pero peor. Ahora se accede por un pantalán flotante que con un poco de resaca se mueve como un condenado. Y además pagas ¡y como pagas!, por amarrar tu pobre barco en medio del mar.

No se como andará la cosa al día de hoy por esos pagos. Noticias me llegan y desde luego no son las mejores. Si sé que desde ese día otro puerto de escala (sí, otro más) desapareció de la lista de mi derrotero de viaje. Y es que un mal puerto puede, en más de una ocasión, llegar a ser un excelente puerto de refugio, pero una estafa nunca dejará de ser una estafa.

 

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¿Cartas para simuladores?

El puerto de Roccella Ionica (N38º 19.528  E16º 25.865) puede ser una útil escala de tránsito para los barcos que hacen la travesía Grecia-Italia. Está situado unas 180 millas al oeste de la isla de Cefalonia y 29 millas al norte del cabo Spartivento.

Hace años bajando por la costa Italiana en demanda de Messina, hicimos escala en él ante las previsiones de mal tiempo que anunciaba la meteo  local. El puerto, por entonces, era gratis por lo que decidimos esperar en él a que la cosa mejorara, aprovechando de paso, para hacer turismo por la zona.

Recalamos sin problemas:  Era una tarde apacible, sin viento y mar totalmente en calma.

Al día siguiente el panorama cambió radicalmente: El viento arreció, la lluvia caía con fuerza y…, a unos cien metros de la bocana las olas que no eran excesivamente altas, rompían estrepitosamente. La cosa me sorprendió bastante, porque pese a las bajas sondas en las proximidades del puerto, la mar no parecía presentar las condiciones adecuadas para tamaño espectáculo.

Por entonces, hará unos trece años, usábamos las cartas CM93 y en ellas la zona se representaba y se sigue representando así:

Consultamos la correspondiente carta de papel y nos encontramos con una sutil pero fundamental diferencia:

 

Trece años después la confusión continua, pues esto es lo que nos dicen las actuales Jeppesen:

 

Y esto las Navionics:

Como se puede ver hay para todos los gustos. Ni siquiera se ponen de acuerdo sobre el trazado del veril de 5 metros, vital para una recalada con viento y mar de fuera.

Y vuelvo a lo de siempre: ¿Descuido, ligereza, todo vale?.

Las cartas para simulación aérea de Jeppesen lo dicen claramente: “cartas no válidas para la navegación aérea”.  ¿Porqué no incluir en estos paquetes cartográficos una leyenda parecida? Iriamos todos avisados y quizás así nos ahorrarían algún que otro susto.

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Skiatos

Skiatos forma parte de las Esporadas del norte.  Su nombre deriva de Sporadoi, es decir: esparcidas o diseminadas. Eso es lo que  parecen, esporas o trozos de una cadena montañosa que se desgajó del continente durante una convulsión geológica. Se compone de once islas mayores, de las que solamente cuatro están habitadas: Skiathos, Skópelos, Alonissos y Skyros. El resto está prácticamente despoblado.

 

En esta zona fue creado por el gobierno griego un parque nacional marino para la protección de especies como el halcón de Eleonor y la gaviota de Audouin y constituye uno de los pocos sitios del Mediterráneo donde todavía existe una colonia de foca monje.

Los vientos dominantes producen lluvias regulares en invierno asegurando una vegetación exuberante con predominio del pino y el acebuche. En verano, el Meltemi, señor del Egeo ayuda a que las temperaturas no suban demasiado; pero no suele soplar  de forma tan intensa como en las Cícladas, rara vez pasa de fuerza 6.

 

La elección de Skiathos como base de un crucero tiene enormes ventajas, entre ellas su aeropuerto internacional con vuelos frecuentes con Atenas y con algunas capitales europeas.

Es la más poblada de todas y por tanto,  tiene todo tipo de servicios requeridos para el avituallamiento del barco antes de zarpar. Bastante bulliciosa en verano, va a constituir  un buen contraste con el resto de Esporadas. A veces las cabras son el único acompañamiento del barco en los fondeos.

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Focas monje

Grecia es uno de los últimos reductos de la «monachus monachus» o foca monje mediterránea. Es un animal que se expande a través de una vasta área que se extiende desde las aguas del Jónico a las costas de Turquía, con tres zonas de cría principales:

Espóradas del Norte: La población, en este archipiélago, se concentra básicamente en el área del Parque Nacional de las Espóradas del Norte.
Islas Cícladas: Junto a Milos y en torno a las islas de Kimolos y Polyaigos.
Dodecaneso: En la zona de Karpathos – Saria.

Se citan como principales causas de la alarmante disminución de su población, las siguientes:

  • Alteración y gradual destrucción del ecosistema costero por la presión de la industria turística; barcos deportivos e instalaciones afectas incluídos.
  • Ataques deliberados del hombre, su principal depredador.
  • Capturas accidentales por artes de pesca.

He aquí una estimación de la actual población de foca monje en los mares de Grecia:

Area

Pobalación mínima estimada

Población máxima estimada

Grecia Continental

20

30

Espóradas del Norte

30

50

Islas Jónicas

30

40

Islas Cícladas

70

90

Islas del Dodecaneso

80

100

Creta e islas adyacentes

30

50

 

Y este es un mapa de su distribución en el Mediterráneo. Las áreas rojas señalan sus hábitats actuales. En azul más claro, su distribución histórica:

En aguas del Jónico y en concreto junto a la isla de Meganisi,  tuvimos la suerte de avistar un ejemplar aislado mientras navegabamos con la Maga3 hace ya algunos veranos. Más lejanos en el tiempo, allá a principioo de los 90, quedan los juegos en Steni Vala (isla de Alonnisos)  con Theodoros, un simpático ejemplar de foca monje que había sido criado por los cuidadores del parque y que nadaba libremente en las aguas del, por aquel entonces, tranquilo puerto.

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Corfú

La historia de Corfú (Kerkira) es un catálogo de invasiones sangrientas y alternantes dominios de potencias extranjeras. Hoy Corfú recoge su herencia; olivares venecianos, mezquitas transformadas en iglesias, tradiciones típicamente británicas, fachadas parisinas… pero su hospitalidad permanece inalterable. Su legendaria cordialidad se remonta a la época clásica; Ulises, naufrago y exhausto, fue arrojado a una playa de la isla, donde la bella Nausicaa le rescató y le dispensó una calurosa acogida.
La bella ciudad de Corfú es un punto de partida excelente para empezar un crucero. Pero la visita a la ciudad es inexcusable. Lleva tiempo encontrar el camino por las diferentes partes de la capital y captar su mezcla de culturas. Deambular por el frente marítimo mientras se observa el continente y Albania al fondo es una buena manera de meditar y recapacitar sobre la historia de esta isla. Y si la visitas en otoño, no dudes de tomarte un respiro bajo sus olivos y sentarte sobre la tierra rosada por los ciclámenes.
Saliendo de la marina de Gouvia, en Corfú, tenemos al alcance de la mano muchos sitios para fondear; algunos emblemáticos como la desembocadura del Hades (el infierno de la época clásica) y por supuesto las islas: Paxos y Antipaxos, las más cercanas, tienen una personalidad propia. Con una travesía de apenas 30 millas podemos llegar a Lefkada y entrar en el mar interior que delimitan ella misma y Meganisi. Las posibilidades del viaje se multiplican a partir de ahora y será imposible visitarlo todo en unas vacaciones.

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Lefkada

Lefkada es una isla con truco: su carácter insular lo rompe el puente que la une al continente y la hace alcanzable por carretera. Esta facilidad de acceso y su enorme encanto la ha transformado en uno de los destinos turísticos griegos de moda.
Su capital es un ejemplo de ciudad amable para todo el que la habita y a pesar de los múltiples turistas en verano, sus callejuelas, son un oasis refrescante para olvidarse del bochorno estival. Es peculiar su arquitectura popular; casas de piedra en la planta baja y de chapa corrugada pintada con colores luminosos , en el primer piso; las hacen elásticas para los terremotos.
Los días laborables Lefkada capital es puro bullicio y trasiego de gentes de la isla que bajan a hacer sus compras a la calle del mercado. Después, un buen café en una de sus muchas terrazas para poder saludar y charlar con los amigos. Hacer tiempo para la hora del mediodía y de la siesta. La ciudad se sume entonces en un letargo sepulcral que solo las moscas se atreven a romper.
Por la tarde la ciudad se despierta y se reanuda la intensa actividad de bares y tabernas. Observar al sol esconderse entre sus marismas es una atracción que nadie debería perderse.
La base de Lefkada es excelente para iniciar un crucero, permite explorar muchas islas, con travesías de apenas 10 millas, en una semana: Meganisi, Kalamos, Kastos, Itaka, Cefalonia y un sinfín de pequeñas islas deshabitadas.
Además en Lefkada encontraremos todo los servicios que requiere nuestras vacaciones: profesionales de la náutica, marinas, supermercados, restaurantes, cibercafés, lavandería….

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Estambul

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

Nos colábamos por la niebla. Sombras de grandes  barcos al ancla; evitarlos. Remota murga de bocinazos de los faros. La calma absoluta. La incertidumbre. Los olores. Los sonidos. La vigilancia extrema. El murmullo de algún motor lejano. El mercante que aparece de la nada. El mercante de cubiertas nevadas. El mercante que viene del norte; del negro mar. Y la silueta que se perfila en la niebla. Que no es solo niebla, si no también  humo y hollín, vapor; humanidad concentrada.

El perfil inconfundible de “La Ciudad”. El perfil que cualquiera dibujaría aún sin haberla conocido. La negra silueta de postizos minaretes de Santa Sofía. La hermosa de miles de aromas y varios nombres; todos griegos. La única que mereció llamarse “La Ciudad”; στην πόλη (stin poli) Estambul. La deseada Bizancio. La añorada Constantinopla.

Por el Bósforo, hasta Bebeck, a cinco millas al norte del Cuerno de Oro; navegábamos fascinados por lo que nos esperaba; porque intuíamos que aquella que poco a poco emergía de la niebla, era una de las más bonitas metrópolis que nunca antes habíamos visto.

Bebeck  es  uno de los barrios ricos y exclusivos de Estambul, antigua base de los yates antes de la construcción de las modernas marinas al sur de la ciudad. Huíamos de estas últimas; como todo viajero de presupuesto apretado; cogimos una de las boyas libres y nos amarramos a tierra, dejando el barco muy separado del muelle y bajando con la auxiliar. La cruda realidad es que te fondeas  en medio del Bósforo. El constante ir i venir de los mercantes y petroleros y la ola que entraba con vientos del sur lo hacían un poco incomodo; nada  muy serio; pero gratis en aquel entonces. Sus adinerados vecinos, no tenían inconveniente en que tomáramos agua de sus jardines para llenar los tanques.  Gracias a ello pudimos estar un mes entero en Estambul.

Era en febrero, con un frío glacial, apartando la nieve de la cubierta cada mañana. Fue un mes de un sol inexistente y colores fríos; de vientos grises. Pero la explosión de la ciudad, cada tarde, con la llegada de la noche, con las mezquitas encendidas y los cañonazos, con la gente agolpándose frente a los cafés, haciendo cola en los transbordadores, ante las barcas de enormes sartenes del cuerno de oro, con los gritos de los almuecines y el confuso aroma de los miles de vendedores ambulantes, suplía con creces la usencia de colores. Estábamos en Ramadán.

Un día largamos amarras y nos juramos no parar hasta ver el sol. Así fue, a muchos  nudos, con viento y corriente a favor; rumbo al sur, donde nos dijeron que había empezado la primavera. Desde entonces no he dejado de añorarla yo también.

 

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Isla de Kastos

Kastos es una pequeña comunidad de unos 120 habitantes que vive del turismo (náutico en su gran mayoría) en verano y de su pequeña flota de pesca.
Su única población y puerto de la isla, Kastos, se ubica en la costa oriental y es punto de cita de la flota de charter y barcos de paso en los meses de verano. Encontrar un lugar en el pequeño muelle es misión casi imposible en los meses «punta» de la temporada, por lo que normalmente será preciso fondear y bajar a tierra con la embarcación auxiliar.
En el puerto encontraréis unas pocas tabernas, algunas mejores que otras. Hay también un bar, al pie de un antiguo molino, con impagables vistas sobre el Jónico y que además tiene el buen gusto de amenizar el local con música popular griega.
En el puerto hay también un pequeño supermercado para un abastecimiento básico.
No hay ningun tipo de servicios para barcos: ni agua ni luz (esperemos que por muchos años) y aunque veais bolsas de basuras en algunas zonas del puerto, está terminantemente prohibido dejar desperdicios en la isla. Hay carteles que así lo anuncian en inglés y griego; pero al parecer hay mucho navegante analfabeto…

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Lejos del muelle

Cuando amarramos un barco de punta a un muelle, sea con muerto o ancla, debieramos siempre comprobar su situación final respecto al mismo. A este respecto, suelo hacerme siempre la misma pregunta: ¿Qué sucedería si el viento soplase con fuerza contra el muelle?

En todo caso todos sabemos lo que no queremos que suceda: que el barco llegue a golpear con él. Para evitarlo os dejo aquí una serie de consejos:

  • Si hemos hecho nuestra maniobra con ancla, una eslora y media antes de llegar al muelle no filar más cadena y seguir dando atrás hasta comprobar que el ancla ha agarrado y que no estamos garreando. De no ser así y sin dudarlo hay que repetir la maniobra: ¡no tiene sentido continuar hasta el muelle!
  • Dejar el barco, una vez amarrado, a la mayor distancia de tierra posible y con una o dos buenas defensas en popa. Tener una pasarela larga ayudará al respecto.
  • Con el barco ya en su sitio y amarrado, si damos atrás la popa del barco no debiera nunca tocar el muelle. Si lo hace, hay quedar más tensión al cabo del muerto o cobrar de la cadena de fondeo.Si seguis estos simples consejos, podréis dormir tranquilos esas noches en las que las cosas se complican y otros barcos tienen problemas alrededor.
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Kastelorizo una isla al margen

Hice mi primera visita a Kastelorizo allá por la primavera del 93. Era entonces un tranquilo enclave alejado de las rutas de los veleros de crucero. La isla acababa de adquirir una repentina fama al haberse rodado en ella la película italiana Mediterráneo, de Gabriele Salvatores. La Maga Azul, mi barco de entonces, fue durante unos días el único velero amarrado en Megisti, puerto y capital de la isla.

Kastelorizo ha cambiado poco a lo largo de todos estos años. Sigue estando al este de Rodas y a una escasa milla de la costa turca y sigue siendo un enclave tranquilo con una oferta turística reducida a lo esencial. En verano algunas barcas pasean a los visitantes hasta la gruta azul de Parasta: una espectacular cueva, de entrada muy poco visible, que se encuentra en los acantilados de la costa sureste.

Los escasos trescientos habitantes de la isla viven del turismo, de la escasa pesca y de sus pequeños cultivos.

Una escala sumamente recomendable para quienes aprecian este tipo de sitios al margen; de los que se habla poco y bien, sitios que dejan poso y suelen guardarse en el saco de los posibles retornos.