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Cosas de anclas

He tenido todo tipo de anclas, desde los más infumables bodrios a los hierros más excelsos. Bien es cierto que los primeros nunca o muy pocas veces los he utilizado y si han sido míos ha sido cuestión del destino: estaban a bordo de mis barcos cuando los compré.

Podría escribir un tratado de anclas, sus bondades, defectos y hasta veleidades, que también las tienen. Este es el caso (de veleidades hablo) de una de las últimas que adquirí, para más señas, en la isla de Lefkada en el verano del 2009.

Cansado de ciertos feos caprichos de mi vieja y sobredimensionada  Bruce de 35 kg. decidí sustituirla, en las citadas fechas por una flamante Rocna de 33 kg. Mi decisión se basó en estudios independientes realizados por la revista PBO donde Rocna y Spade parecían los «hierros» a batir, muy por encima del resto de modelos probados.

Además tenía el testimonio de algún feliz propietario que la usaba a plena satisfacción en su embarcación.

Dicho y hecho: ancla a bordo, proa a uno de mis fondeaderos favoritos y misma zona de siempre. Voz de ¡fondo!, barco atrás, filo cadena, stop cadena… y el barco que sigue su camino, garreando como si tal cosa. Dos intentos más y al tercero parece que la cosa funciona. No entiendo que ha podido pasar, lo achaco a la casualidad, a algo que había en el fondo que ha impedido el correcto trabajo del ancla, lo achaco al ¡vaya usted a saber! En fin, que lo dejo estar.

Pero…

Al día siguiente, la misma historia y al siguiente y al otro…y… al otro digo ¡basta y hasta aquí hemos llegado con el invento! Regreso a la tienda y solicito el cambio del artilugio. El distribuidor se resiste, pensando, supongo, que estoy algo loco. Al final, carta incluida al fabricante en Nueva Zelanda, consigo el cambio por una similar: la misma ancla, con los mismos cartelitos, el mismo precio e idéntico embalaje.

¿La misma ancla? ¡y un cuerno! Esta si que agarra, esta es un cañón. Ahora sí; ahora estoy encantado con mi nueva Rocna.

Nota: Tras dos años de muchos fondeos en todo tipo de condiciones puedo asegurar que la Rocna es la mejor ancla que he tenido, la más polivalente y con mucho la más fiable de todas. Pero… ahí queda la historia.

 

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Entre Salamina y Corinto

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.
Dia 21. Salamina y Corinthos.
Salamina, la isla de noble nombre. Todo detritus y desguace. Es la isla suburbio del Pireo.
Entrecierro los ojos y alcanzo a imaginar lo que vieron los de Filipo II; estas mismas calas, estas mismas piedras, pero con un mar mas azul, mas transparente. Las mismas corrientes, los mismos vientos. Nada de basura.
Estoy en un sitio de aroma pos nuclear. Se amontonan a ambos costados barcos y barcos, pecios y pecios, hay hasta algún submarino corroyéndose lentamente; cri-cri .
Siempre he pensado a dónde irían los barcos, los ferries, los mercantes; cuando ya inservibles no los quiere nadie. Ahora lo he visto: aquí. Sus esqueletos van a parar a sitios como este. Todavía se resisten a desaparecer y tiran de sus anclas, que los aguantan no se sabe muy bien para qué; mientras suenan sus chirridos, como lamentos; barcos que surcaron mares, llevaron pasajeros, transportaron mercancías, que algún día alguien saltó de alegría al ver asomar sus chimeneas, que tuvieron buenos capitanes, que pasaron malos momentos.Esto está lleno de ellos, como perros abandonados.
¿Seré el único ser vivo del entorno? Me satisface ver que de vez en cuando pasa algún coche.
Ha sido un buen refugio. Debo partir.
Otra vez el canal de Corinto. Otra vez a pagar.
-¿Vas tu sola? Será cansado  ¿No?
-Bueno, lo realmente cansado ha sido amarrar aquí de costado yo sola, con un viento de proa, sin nadie que me ayude.- Lo pienso, pero no lo digo. Mejor ha sido.
Veo como el mismo que cobra, coge la radio y sale despedido para llevar el práctico.  Otra vez más estamos con la reducción de personal. Ajustes.

Espectacular esta vez el canal, iluminado por los relámpagos, con un mar y un cielo gris, gris.

Voy a fondear en Corinthos, mañana seguiré contando.

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Navegando por Salamina

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.
Esta vez no quiero que mi viaje sea largo, ni que sean muchos los amaneceres, ni recalar en puertos que mis ojos ignoraban, ni me voy a hacer más sabia. Esta vez tengo una particular regata con migo misma; para volver  desde el Egeo al Jónico y varar el barco.
La persona más querida, ha tenido que salir deprisa de Grecia por motivos de salud. Me ha parecido entretenido, para no comerme mucho el tarro, contar este pequeño y desasosegado viaje en solitario. No es una hazaña, no es la primera vez que navego sin compañía, solo son relatos que a alguien podrían entretener y a mí me ha aliviado y distraído el escribirlos.
Martes día 20:
Hago míos los versos de Sapho:
Y yo duermo aquí, sola y deshabitada.

 

Así es, soy la única ocupante de La Maga. Estoy en la marina de Faliro, en el Pireo y tengo unas ganas de salir corriendo de aquí tremendas; por no pagar un día más, por llegar a mi destino; por cambiar de aires.
Despedida del personal de la marina; muy cálida. Me han regalado una gran cesta con botellas de Ouzo, Metaxa y cervezas. Ellos también están tristones; cada vez les reducen más los horarios; y los sueldos.
–          ¡Περαστικα! ¡ σιδερενιο! (Que todo sea pasajero, fortaleza)
El meteo es de lo peor; una borrasca cruza veloz y trae un frente asociado que pasará esta noche. Lo sensato sería quedarse. Yo no estoy para sensateces así que busco en la carta un lugar cercano donde poder pasar la noche esperando que el viento sople fuerte y role 180 grados al paso del frente.
¡Aquí! ¡Aquí! En Salamina, un sitio protegido de todos los vientos.
¿Se podrá fondear? Es la pregunta de millón de todo navegante solitario. La razón es obvia ya que con solo una persona de dos manos a bordo, lo mas cómodo es dejar caer el ancla; lo más seguro es quedarte a la gira, para que el viento sople de donde le convenga. Lo mejor, lo que deseo: un buen refugio, no muy profundo, de fondo de barro, denso y pegajoso. ¡Hummm!
Y lo encontré. En Salamina. Protegido, poco fondo y el limo más espeso que se pueda encontrar, esperando a mi ancla. El tráfico de mercantes es densísimo en la entrada del canal de la isla. Sorteando mercantes, llegué con los primeros relámpagos. Comenzó a llover.
Que placer ver pasar el mal tiempo desde la ventana de tu camarote en un buen fondeadero mientras el barco da vueltas sobre su ancla.
Mañana seguiré.
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Malas prácticas marineras

Sigue pasando el verano; sigo, con los nervios ya destrozados, recopilando. Las barbaridades náuticas.
Decía Conrad, en su espejo del mar; excelente libro de obligada lectura para un navegante, en mi opinión, claro; que había que cuidar el lenguaje. Un ancla es un elemento imprescindible de un barco; es la que lo salva en momentos difíciles, la que lo une a tierra firme. Tras una larga travesía, en el momento del fondeo todo el mundo anda nervioso a bordo para hacer una correcta maniobra y cuando el ancla toca fondo hay un silencio sepulcral esperando que haya agarrado; el viaje ha finalizado y el barco queda sujeto por ese insignificante pedazo de hierro y su cadena.
Pero ese insignificante trozo metálico que llamamos ancla no es tan sencillo como parece, tiene nombres y apellidos, es el resultado de una larga evolución y de constantes estudios, pruebas y mejoras para conseguir que algo, en apariencia tan sencillo, penetre en el fondo y de cómo resultado que el barco permanezca seguro. A la razón de, por ejemplo, 25 kg de ancla para 12 toneladas de barco. Impresionante, casi milagroso.
El ancla es pues, bajo los ojos de Conrad y bajo los míos también, algo serio. No es correcto decir “tirar el ancla”, tan noble e importante elemento no se tira. Se fondea, se larga el ancla, se da fondo; pero no se tira.
Pues ultimamente, los aguerridos hombres de mar que alquilan barcos , no es que la tiren, es que si pudieran la arrojarián a la basura. No es un elemento de seguridad de un barco, es una pesadilla que les amarga las vacaciones. Y por su culpa, por culpa del ancla, todo el mundo le chilla en los puertos. Hacen maniobras marcha atrás que quitan el hipo, por sus velocidades; sobre todo si eres su futuro vecino. El barco les supera y parece animado de un espíritu maligno que lo lleva donde quiere, no a donde quieren ellos y el ancla se deja caer, si saber donde, en su frenética carrera hacia el amarre. Por supuesto, nadie prueba su ancla, antes de dar la amarras e irse corriendo a cenar. ¿Para qué?  ¡Pero si he tirado el ancla y 30 metros de cadena!
Este de la foto, con el ancla a pique y totalmente garreado he tenido que aguantarlo toda la noche apoyado en el costado del barco. Cuando previamente le sugerí que su ancla no estaba bien me dijo
-¡ sono bene! ¡ 25 metri de catena! Tu non sai niente
-Cobra un poco de ancla y veras como se te viene encima, no te ha agarrado.
-¡No!
-Por favor
-Perche sei una donna io lo faró. Soltanto perche sei una donna.
Y el ancla se le vino encima, naturalmente. Pero ante la mirada atónita de todo el mundo, dejó de virar cadena, para que no saliera a del agua el elemento vergonzante, claro. Y exclamó.
-Adesso e buona.

Tuve que poner defensas y armarme de paciencia. Eso si, a la mañana siguiente, salí, al oírlo arrancar y le dijeBuonissima la tua ancora, ma grazie a la mia la tua barca sei a posto . Questo te lo dico perche sono una donna. 

Que conste, que alguna vez he deseado ser un hombre, para decirlo de otra forma. Solo alguna vez.

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Fabricando olas

Contemplaba orgulloso la estela de su barco. Esa estela que se perdía en el horizonte limpio de aquella mañana mediterránea. En proa divisaba ya su destino: Grecia, las soñadas islas griegas. Por popa dejaba atrás, al fin, unas costas que conocía bien por haber sido sus calas y bahías el espacio de crucero en elque había holgazaneado los pasados cinco veranos de su vida. Unas calas y bahías que en los últimos tiempos se habían puesto imposibles: ante la avalancha de tanto turista, tanta golondrina y tanto dominguero advenedizo. Y además, estaban los puertos; poco sitio y caros, muy caros, increiblemente caros.

Pero sobre todo estaba aquello… ¡lo que más le molestaba!, lo que le obsesionaba realmente: el meneo. Sí, el meneo. Eso de no poder estar en su cala de siempre, sin ver como su barco se agitaba como una batidora ante el paso de tanto ferry y tanta barca de turistas que habían proliferado en los últimos años.

Al fin, este año, su decisión fue firme, huía, este verano huía. Su destino Grecia, Las inacabables, las soñadas islas griegas. Buscaría las zonas más tranquilas, las de mejores calas y mares más protegidos. El buscaba el silencio, el placer del fondeadero seguro, resguardado, sin el funesto meneillo…

Y ahora, a solo unas treinta millas de Cefalonia, veía ya las primeras barcas griegas de pesca,

-caikes, creo que las llaman,-

eran de colores, pequeñas, como siempre las había imaginado. Unos pescadores parecían holgazanear, más que faenar, en cubierta. Alzó la mano para saludarles, ellos muy amablemente le devolvieron el saludo.

Se relajó, aún más, en el cómodo asiento, mientras contemplaba la estela de su barco. Esa estela, espumante, poderosa, que tanto admiraba. Esa estela generada por los 2500 caballos de los dos potentes moteres de su veloz  Astoindoa. Esa estela en la que tan grácilmente se meneaban, brincaban y saltaban las, hasta entonces felices, barquitas de pesca.

 

 

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Carrete para cabo en popa

Meganisi, islas Jónicas. Un velero entra en una cala para pasar la noche. Fondea y da atrás para amarrar por popa a un olivo de la playa. Hay que sacar la aduja de 40 metros que está en el fondo del cofre, debajo de utensilios varios que en su momento cayeron encima. -¿Pero quién dejó caer esto aquí? La amarra al fin sale. Alguien de la tripulación la dispone en popa. -¡No la pases por ahí, no, así no, déjame a mí…, dice el capitán. Al fin alguien sube a la zodiac para llevar el extremo de la amarra hasta el ansiado olivo. Cuatro golpes de remo y…, el cabo se tensa, la zodiac rebota y vuelve al barco, ¡ya está, lo de siempre! adujas que no se desadujan, cabos que se retuercen y se bloquean en la gatera. En fin, para que seguir.
Otro velero, mismo escenario y lo mismo: fondo, atrás, alguien en la zodiac que coge un chicote, cuatro golpes de remo y… ¡el cabo sale limpio de su carrete de almacenaje en popa!
Nota: Amarrar a elementos fijos de la costa (árboles, piedras, etc.) es práctica habitual de fondeo cuando se navega por las islas griegas del Jónico.

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Puertos profundos

Algún navegante me ha comentado, sorprendido, la profusión de puertos griegos que se denominan Vazí, muchas veces próximos los unos a los otros, en islas contiguas y que además son sus respectivas capìtales. En las islas Jónicas tenemos un ejemplo claro: las capitales de dos islas tan próximas como Itaca y Meganisi, se llaman igual: Vazí.
Y la explicación es simple: ambos puertos están abrigados en dos profundas ensanadas de , además, fondos profundos. Y claro, Vazí en griego significa profundo, de ahí el nombre. Además es una palabra que nos debe sonar del castellano: batimetría (vazímetria: medida de la profundidad), batiscafo (vaziscafo: barco de las profundidades). ¿O no?

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Islas griegas. Antípaxos

A menos de 2 millas al sur de Paxos se encuentra la pequeña isla de Antípaxos. Isla de unos 4km2. en su mayor parte cubierta de viñedos. Su única población se llama igual que la isla: Antípaxos, está situada en la costa este y en ella residen la práctica totalidad de sus menos de 70 habitantes. También en su cara este están los fondeaderos más populares para los barcos de crucero: Voutoumi y Vrika. Ambas bahías tienen aguas cristalinas sobre fondos de arena blanca. Escala ideal, en verano, si aprovechamos las primera horas de la mañana cuando todo tiende a estar más tranquilo.

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Islas griegas. Atokos

Atokos es una pequeña isla situada a unas cinco millas al noreste de las costas de Itaca. Está deshabitada y tiene dos fondeaderos que pueden utilizarse sin problemas con los vientos normales del verano. El más popular es el que se encuentra en la cara este de la isla; es el conocido como bahía o «cala de la casa». Es una amplia ensenada con una pequeña casa en medio de una playa de guijarros. Las aguas son muy claras, de un azul turquesa espectacular. Hace ya mucho tiempo que los veleros de alquiler la descubrieron y es muy frecuentada en los meses centrales del verano. La costa de la isla es acantilada con muy buenos lugares para el buceo, en particular en sus costas este y sur.