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El mar iluminado navegando en Grecia

El mar de ardora, en inglés Milky seas, es un termino que se utiliza para designar un resplandor nocturno del mar citado por primera vez por Julio Verne en su obra Veinte mil leguas de viaje submarino cuando relató la travesía del Nautilus a través de una capa fosforescente (atribuida en la novela a miríadas de animales marinos luminosos), fue también, durante siglos, mito de los marineros que surcaban el Índico.

Se trata de un fenómeno luminoso producido en el océano donde grandes masas de agua emiten una misteriosa luz azul debido, según recientes estudios, a la proliferación de una bacteria bioluminiscente (Vibrio harveyi, asociada a las microalgas de plancton.

Y, por cierto, la palabra plancton viene del griego πλαγκτός, ‘errantes’, haciendo referencia al conjunto de organismos, principalmente microscópicos, que flotan en aguas saladas o dulces, más abundantes hasta los 200 metros de profundidad, aproximadamente. La mayoría de las especies son transparentes con una cierta irisación, y presentan colores sólo al microscopio. Las especies superficiales son azuladas, y las otras rojizas.

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CASAS Y BARCOS

Que todo vuelva a ser como al comienzo
En los dedos, en los ojos, en los labios
Y dejar la vieja enfermedad
Como la camisa que dejan las serpientes
Amarilla entre los verdes tréboles.
Yorgos Seféris

Cuando las cabras andan por los riscos a veces sucedan cosas indeseadas. Hay playas en Lefkada, de un azul apabullante, de cantos pulidos, redondos y blancos en la orilla, donde se puede correr un peligro inimaginable. El traspiés de una presurosa cabra, saltando de mata en mata, desprende un piedra que resbala dando tumbos por las paredes. Con el impulso que va tomando en su caída, acelera, se precipita con fuerza y choca con los acantilados, desgajando esquirlas y rocas que se suman al tumulto, colisionan a su vez y desatan la debacle de piedras estrelladas contra piedras de la playa que saltan y se sumergen en el azul apabullante del que hablaba. Como el sordo descorchar de una botella espumosa, a un clinc, le sigue un pam y un potoplom de trozos de montaña que se vienen abajo en un alud. Arriba solo el sonar del badajo del rebaño inocente, balando como si el mundo inferior no se desplomara bajo sus pies. Si no eres precavido, una sola cabra puede acabar con tu vida.
Miraba yo las piedras caer. Pensaba en cómo se magnifican las cosas; de una simple piedra a un exponencial estruendo. Y como unos pensamientos llevan a otros sin aparente conexión, acabé meditando sobre cómo ha cambiado esta isla desde que la conocí hace ya muchos años.
La tranquila belleza de este paisaje pasó mucho tiempo desapercibida a los turistas. De hecho Lawrence Durrell escribió de ella que era una isla carente de interés frente a la hermosa Corfú. Un poco presuntuoso, pienso, o quizás falto de tiempo para recorrerla, o pluma rápida; nadie que la conozca puede hacer una afirmación tan superficial e inexacta.
Esta isla fue realmente descubierta por los navegantes que pasaban por aquí en su viaje a las islas griegas, sin percibir que esto ya era una isla y ya era Grecia, y al recalar en alguna bahía en su derrota, se quedaban boquiabiertos ante el paraíso terrenal. Tantas millas para confesar que el famoso poema de Kavafis tenía más verdad en un verso que cientos de derroteros aprendidos de memoria. Yo, después de tantos años y pese a mis creencias, a veces sospecho que en estas islas existe la mano de un “diseño inteligente” y que realmente son un Disney-archipiélago para navegar en familia.
De estos principios hippies al gran público, la rusa millonaria que se compró Skorpios, los enormes yates o los fotones remarcables de Instagram disparados desde ferris y cruceros, enfocando siempre la misma ermita, han pasado unas décadas. Pero Grecia se apiada de nosotros y hace que las cosas vayan lentas; las buenas, pero también las malas. Y si el ser humano tiene una extraña obsesión de ver levantarse una casa allí donde le sorprendió la belleza de una tierra inmaculada, yo veía que la isla se resistía a que le aparecieran construcciones como el moho de un pan bueno. Pero…la piedra primero cae…luego libera otras piedras. En los últimos tiempos las viviendas han tomado carrerilla y avanzan como ejércitos insensibles entre la maleza y los bosques. El otro día me comentaba una amiga de Itaca que el clamor popular ha conseguido parar la construcción de una urbanización de estilo “micénico”. ¿Hasta dónde aguantarán? No lo sé.
Hay que aclarar que para construir una casa de 100 metros cuadrados aquí, hace falta excavar la montaña; siempre en pendiente; hacer un camino; siempre en zig-zag, y explanar medio monte para asentar los cimientos potentes de estas construcciones reglamentadas por una normativa antisísmica muy escrupulosa. Es decir para hacer una villa que se habita a lo sumo 2 meses en verano hay que destrozar medio bosque. La calva que dejan en el monte de este paisaje tan verde se ve a la distancia y perdura con los años, a pesar de que la vegetación indómita se empecina en lo contrario.
La crisis actual creo que le ha dado un empujón a la cabra. Los griegos, incluso los humildes, suelen poseer numerosos terrenos heredados de generación en generación. Como no se tributaba por ellos los mantenían sin problema y gracias a ello encontrabas esas islas virginales, sin edificaciones; repletas de rebaños autónomos que pastaban a su antojo. Al aplicarles de golpe un impuesto sobre la propiedad, muchos no pueden pagarlo y acaban vendiendo. La mayoría de los compradores son extranjeros. Poco a poco, como hacen las hormiguitas, se va cimentando el hormiguero.
La explosión del turismo náutico en la zona ha sido exponencial. Es una de las periferias; provincias en Grecia, que más ingresos perciben durante el año y que hasta se ha permitido hacerle préstamos al gobierno central, en bancarrota. No solamente son los propietarios de barcos de toda Europa que vienen a conocer el archipiélago y que gastan su dinero en tabernas, mecánicos, veleros, varaderos y supermercados; si no los miles de barcos de alquiler que todas las semanas aparecen como un estallido de velas blancas corriendo en pos de calas ignotas. No conozco a mucha gente que esté en paro en la isla.
Todo tiene que tener un límite, a partir del cual la naturaleza dice que ya no puede más, pero cuando alguien me pregunta si prefiero barcos o casas, la respuesta es evidente: los barcos en invierno se retiran y dejan al agua renovarse, las casas permanecen para siempre, mostrando la vergüenza de nuestra soberbia, vivir unos días ahí donde no llega nadie. Y les muestro el ejemplo español, pan para hoy, hambre para mañana. Y bocadillo para las grandes constructoras.
Así que tras la publicación, emocionante, de que en el cometa 67P la nave Roseta ha identificado compuestos orgánicos capaces de sintetizar moléculas primordiales fundamentales para la vida, como los aminoácidos, fantaseo sobre la posibilidad de recrear una evolución parecida a la nuestra. Pero enseguida me invade la desazón de imaginar, con el tiempo, a un cometa dando vueltas al universo transportando una Marina D’or llena de turistas en su superficie.

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MANIOBRAS EN LA CALA

En la playa, suceden cosas interesantes.
Una llamada del “proedros” y ya estábamos abajo. El “proedros” es el secretario del pueblo. La llamada es por tam-tam. Es decir; el “proedros” llama a la tabernera que como tiene el local en medio del pueblo sale a terraza y empieza a vocear:
– ¡Anaa!
– Sí
– Que dice el “proedros” que bajes a la playa
– ¿Para qué?
– Ni idea. Algo pasa con un barco.
No sé qué nos imaginamos. Naves a la deriva, pecios, corsarios, invasiones por mar, un ataque de tiburones sanguinarios, avispas asesinas, gatos rabiosos, arañas peludas ¡Ha llegado el fin!
Cogimos el coche y nos despeñamos durante un kilómetro entre precipicios para llegar a la playa, donde todo, aparentemente, permanecía en calma; las barquitas flotando, los arboles serenos, las sillas esperando traseros y las mesas ordenadas en fila. El coche viejo del viejo Kosta, el coche destartalado del destartalado pescador oficial, Vangelis, y el coche del “proedros”, que aunque se llama Spiros hace años que no se oye pronunciar su nombre. Es secretario desde tiempos homéricos y su nombre de pila solo lo mienta su madre, en circunstancias muy solemnes, casi aterradoras. Lo normal es que todos le saludemos con un simple
– Eh ¡Proedre!
Deslumbraba, ya desde arriba, el blanco de un catamarán de unos 14 metros amarrado entre rojos y amarillos de redondeadas amuras y azules agua de una tarde apacible. Era curioso que no se hubiera colocado en cualquier otro sitio que no implicara ir sorteando obstáculos de botes y amarras, pero el patrón había visto el pequeño muelle que utilizan los pescadores para aproximarse cuando trapichean con sus redes y se había puesto nervioso. Sólo es un volado de cemento, sobresaliendo de la roca, como una mano abierta que desafía las leyes temporales, gravitatorias y meteorológicas; una plataforma obstinada que sigue en pie año tras año mientras hacemos apuestas sobre cuando caerá. Pero él vio el “muelle”, pensó en lo estupendo que sería en bajar a tomar una cerveza sin mojarse y allá que fue como un obús. La maniobra, toda una obertura rossiniana.
– Os he llamado porque hoy tenemos juerga.
– Ya veo.
Los tres estaban sentados en una mesa sorbiendo sus pajitas de café frapé. Vangelis, que suele hablar con coloratura, como si fuera el gallo Claudio, les decía que más fácil si se iban al otro lado, pero se lo decía con su sube y baja declamado y en griego. El patrón le respondía con una mirada de desprecio y aires de tunosabesquiensoyo. Siguieron sorbiendo sus pajitas.
A mí me admira el temple que tiene estos griegos; aquel mastodonte moviéndose bajo maniobras de torpes manos entre sus barcas me daba espanto. Si hubiera sido mi barco me hubiera tirado a degüello. Ellos sorbían pajitas.
¿Cuántos caballos tendrá? ¿Cuánto cala? Como lleva dos motores debe de girar en el sitio ¿Por qué hace eso? ¿Dónde habrá sacado el título? Si tira ahí el ancla enganchara todos nuestros muertos. ¿De dónde será? ¿Por qué le chilla tanto a su mujer? Se habrá enfadado con ella.
Consiguieron amarrar el barco tras mucho esfuerzo y se quedó allí como un Gulliver grotesco en un Liliput de cascarones balanceantes. Bajaron en un exabrupto a tomarse una cerveza casi al gallete para seguir su periplo de mil calas en 6 días. Todo un estrés.

El trío había terminado sus cafés y ante la falta de espectáculo se disponían a salir cada uno por un lado, pero el aguerrido capitán ¿De dónde salen estos capitanes? quiso hacer una demostración de su valía marinera. Soltó las amarras y dio avante con los dos motores, de dos hélices para ser más exactos, en vez de cobrar el fondeo para alejarse despacio ¿Qué podríamos esperar? Enganchó la tela de araña con la que tejen los pescadores las amarras de sus barcos y se quedó tieso como un jamón. Se pararon los motores y las risotadas se oyeron en Itaca; sobre todas las de Vangelis que tiene risas de tres octavas. Y Kostas impertérrito viendo como la auxiliar que utiliza para llegar a su Dina, su barca en mayúsculas, sucumbía bajo el tirón de la amarra enredada en la hélice del héroe vespertino.

– La va a hundir.

Pidieron otro frapé y continuaron riendo a moco tendido. Mucho más cuando el capitán se tiró al agua con un puñal en la boca, en ese momento nos caímos de las sillas.

Me dieron una lección; la vida no hay que tomársela tan en serio ni a brazo partido es tan simple como verla pasar.

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Hoguera en la cala

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A todos los urbanitas nos encanta la idea de ser Crusoe por un día. Omitiendo lo mal que lo pasó; nos gustaría vivir algunos capítulos de la novela de Defoe; alguna noche, en una isla desierta, a la orilla de la playa, ante el crepitar de la hoguera, ante unos vasos de vino, el olor de las chuletas, el chillido de los pájaros nocturnos, la música suave, las historias contadas o inventadas; sentirse salvaje por unos momentos. Luego acaban las vacaciones y volver a las ciudades, con el cargamento fotográfico y esa agradable sensación de haber sido libres. Ya no habrá más hogueras que la de las chimeneas, o la de la barbacoa con los vecinos. Allí se queda Grecia con los recuerdos de un verano más. Una Grecia con playas salpicadas de chamusquinas y de basuras a medio quemar. Una Grecia que todos los años arde sin remedio.

¿Será cierto eso de que necesitamos vivir con la policía pisándonos los talones para que nos enseñe a comportarnos? ¿El hombre es bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompe? ¿O son ambos gilipollas? Nos sentimos muy ecológicos cuando reciclamos las basuras de nuestras civilizadas ciudades, pero en la oscuridad de la noche, cuando nadie nos ve; en este país sin vigilancia; hacemos todo aquello que nos prohíben. Por ejemplo: hogueras.
En una isla deshabitada en medio del Jónico, muy verde como el resto del archipiélago, pero sin un alma a varias millas a la redonda, suelo fondear  frecuentemente, sobre todo cuando entra el viento y desaparecen los barcos.
Un día, llegué justo cuando salía una flotilla, esperé a que se fuera el último y entré en la cala. Estábamos todavía dando las amarras a tierra y nos llegó un olor a quemado. Nadamos hacia la orilla y vimos un pino en llamas, sobre una hoguera rodeada de piedras y unos troncos dispuestos alrededor, como asientos. ¡Que bien se lo tenían que haber pasado!
Nuestra única arma fueron unos cubos y algunas botellas que se habían quedado tiradas en la playa. Tuvimos tiempo de maldecir en varios idiomas y a pleno sol, con un calor sofocante, tardamos varias horas en hacernos con el fuego. Volvíamos al barco exhaustos a descansar y al cabo de unos minutos el fuego volvía a brotar. Nos llevó todo el día. Os aseguro que si no hubiera sido por nosotros la isla sería ahora una peña marrón.
Ahora tiene un pino menos. Un pino superviviente de tantos inviernos y otros veranos. Un pino ennegrecido que desde la playa, como una sombra, nos abochorna. Y aunque nadie se lo crea, os juro por el azul del mar que nos habló. Nos habló con un lamento que rebotó por las montañas y se perdió en el mar:
-¡Idiooootaaassss!
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Anclas, arañas y otras disputas

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En griego, un barco αραγμένο “aragmeno” es un barco amarrado; se parece bastante a αράχνη “aragni”, una araña; la que teje su tela, tela para que nada escape; una tela como la forma un barco en el puerto con sus amarras y su fondeo, como la que forman las cadenas de los barcos bajo la superficie.

Cuando llega el verano, el de verdad, el del 15 de Julio al 15 de Agosto; cuando aparecen por aquí la flor y nata de los alquileres sin patrón y de los propietarios estresados; ha llegado el momento de la guerra. Uno de los principales motivos de casus belli es el cruce de cadenas. He llegado a ver dos italianos cogidos del cuello, ante la sorpresa de los pescadores griegos, ante la mirada de los paseantes que acudieron al oír el estruendo y los chillidos, medio ahogados por la presión sobre las cuerdas bucales de ambos capitanes.
– ¿Qué ha pasado?- dijo un griego
– Que le han cruzado el ancla- respondió otro sin apartar la vista de sus redes.
– Y ¿Eso es tan grave?
– Para ellos sí.
La cosa se va calentando, como el mar. Y ya se sabe, cuando las aguas se templan mucho, aparecen las tormentas. La llegada al puerto de un nuevo barco, enemigo, va acompañada de un clamor popular, de un ejercito de guerreros en las proas, blandiendo bicheros, con los dientes apretados, con los puños amenazantes:
– ¡Me has cruzado el ancla!
¿No podríamos calmarnos todos? Esto de navegar ¿No era un placer? Me incluyo, porque este tiempo tormentoso acaba minando el carácter de cualquiera. Cruzar las anclas en los pequeños puertos griegos es un acto a veces inevitable, si fondeas enfrente de los que llegaron antes y quieres largar suficiente cadena. Tambien, es verdad, a veces es fruto de la inexperiencia del timonel.
El problema es la nacionalidad de a quien le has cruzado el ancla. Si es griego; acostumbrado a estas cosas, te dirá:
– ¿A qué hora te vas mañana? tienes tu cadena sobre la mía.
Se acuerda la hora y si es muy intempestiva, se repite la maniobra. Se acaba con una sonrisa y hasta con una cerveza en la taberna. Muy diferente al sofoco y mal humor de las riñas enquistadas de otros navegantes más “civilizados”.
Al fin y al cabo, si te cruzan la cadena y has fondeado bien ( he ahí el quid de la cuestión) ¿Qué problema tienes? Más peso sobre tu cadena y menos posibilidades de garreo. Y si has fondeado mal, igual tienes la suerte de que el otro lleve una buena ancla y refuerce tu mala maniobra.

El verano son 2 días. La vida 4 ¿Habría alguna posibilidad de que abandonasemos las trincheras?

Ommmmmm….
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Cortesía marinera

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Esto que voy a contar, más que una barbaridad marinera lo definiría como una “descortesía marinera”.

El mar ha sido siempre un espacio casi infinito, con infinitos personajes apareciendo y desapareciendo en él; desde los sanguinarios piratas caribeños a los humildes pescadores de cualquier costa, de cualquier isla. Buenos o malos, honrados o ladrones, capitanes de grandes naves o tripulantes de pequeños esquifes, todos tenían algo en común; ser cortés con el barco vecino; siempre que uno no estuviera en guerra con el, claro. El medio es duro, ser amable en el mar, era casi una obligación y una ley no escrita, para poder sobrevivir.
Las cosas han cambiado, querido Sancho, aunque yo sigo peleándome contra los molinos de cada puerto, donde “el que venga detrás que arree” es una enmienda a la totalidad de dicha costumbre universal.
Para muestra la foto. Está tomada en un puerto cualquiera de una isla cualquiera. Ha de hacerse notar mi barco, amarrado de punta frente al resto abarloados al muelle. Lo que no se aprecia es que tuve que amarrar en el peor sitio del puerto, al lado de unas piedras preocupantes.
En Grecia, la mayoría de los puertos son libres y por tanto no se puede reservar el amarre, si llegas tarde te puedes encontrar sin sitio. En este caso plazas habría de sobra, pero estos patosos; por decir algo elegante; han llegado antes y cogido cada uno el espacio de 3 barcos amarrados de punta. Y
¿ Por qué? Porque les importa un pito el prójimo, porque no saben hacer la maniobra con las anclas, porque nunca la prueban y siempre garrean, porque son ignorantes y piensan que un barco amarrado de costado está mejor, cuando es todo lo contrario.
-No discutas más, es inútil.- Me dijo el aguador que fumaba un cigarrillo en el muelle.- Cuando pase el Ferry y llegue su ola ; cuando se suban a tierra firme saltando como gambas; quizás te entiendan.
Eso es lo que hice.
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Placeres del fondeo

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Su… su… su… sube. Sinuoso, como las serpientes; curva va y curva viene. Con calma, como el sigá-sigá griego. Y allí abajo; pobrecito; se queda el barco en silencio. Y subes y subes; cada vez más lejos, cada vez más pequeño; se parte el alma solo de verlo.
¿Por qué duele tanto dejar un barco solitario y sin vigilancia? Es como abandonar a un cachorro; solo, no se puede defender. Siempre me recuerda a una canción que nada tiene que ver con esto. 

Antonio Vega-Se dejaba llevar por ti

Se dejaba llevar, se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás y no espera si no es por ti.

Nunca la oyes hablar, sólo habla contigo y nadie más,
nada puede sufrir, que no sepas solucionar…

El caso es que una buena Musaka lo vale y en la taberna de arriba la bordan. Así que: su.. su… su…nos vamos alejando de él, mientras se alargan las sombras, se callan las chicharras, se calma la brisa, se hace minúsculo. Fru..fru…fru.. los últimos bandazos de los arboles con el viento.
Había prometido a mis tripulantes la mejor musaka de Grecia; pero también explicado que como todo lo bueno, requería un esfuerzo; más para mi que para nadie; de dejar el barco abajo y subir 2 kilómetros cuesta arriba. Lo de subir lo solucionamos; vinieron a buscarnos. Lo de dejar el barco solo…

– ¡Ay! Ya no se ve a La Maga

Muchas veces me pregunto porque me complico tanto la vida, porque no voy al puerto de al lado y nos recojen allí. Pero la respuesta está en la magia de estas cosas, la magia de Sikidi al atardecer, de sus barculas de colores, de los saludos de la gente que casi se sorprenden de que un barco venga a pasar la noche; de la sonrisa de Sofía cuando le pido biras pagomenas (cervezas heladas) antes de comenzar el ascenso hacia el pueblo y de que arriba en la plaza, todos ya saben, que un barco de españoles va a subir a cenar a la taberna.
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UNA ALTERNATIVA AL AVION

Para quienes se plantean viajar en coche hasta las islas del Jónico para embarcar en un velero de alquiler, existe una interesante alternativa de viaje  con partida desde el puerto de Barcelona.

La ruta sería:

  1. Embarque en el ferry Barcelona – Civitavecchia.
  2. Civitavecchia – Brindisi: 633 km. por carreteras de Italia.
  3. Embarque en Bari o Bridisi con destino a Corfú o Igoumenitsa. Puede hacerse incluso con la misma compañía que opera el Barcelona – Civitavecchia.

Dicha ruta es bastante más económica que la ruta alternativa de carretera hasta Ancona, Bari o Brindisi, dado el precio actual de carburantes y peajes tanto en Francia como en Italia.

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TSE

Si vienes a navegar a Grecia, no olvides traer contigo la Tarjeta Sanitaria Europea (TSE). Con ella podrás recibir asistencia sanitaria gratuita en cualquier pais de la unión Europea.

Su obtención es simple y rápida y puedes hacerlo de forma presencial en cualquiera de los Centros de Atención e Información de la Seguridad Social (CAISS). También puedes solicitarla por internet.

Su período de validez es de dos años.

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AEROPUERTO DE LEFKADA. VUELOS

 

Si  vas a embarcar en Lefkada debes de saber que el aeropuerto  no está en la misma isla , si no a unos 23 km, en el continente. No tiene vuelos regulares con Atenas pero si vuelos charter.
El aeropuerto se llama Atkion y sus siglas son PVK. Es un aeropuerto pequeño pero al que vuelan muchas compañías de bajo coste desde diversas ciudades europeas.
Nos ha parecido interesante, si vas a alquilar un barco en Grecia, darte el listado de estas compañías; puede ser de utilidad.

Condor fly
Skywork airlines
Norwegian
Smart wings
Thomson fly
Transavia
Austrian airlines
Blue express