No hay comentarios

LAS ISLAS STROFADES

En las islas Strofades, hierve el mar con la tempestad. Los griegos lo expresan muy gráficamente; Η θαλασσα καπνίσει, el mar humea. Y debe ser así; yo me las imagino como una fumarola o como una chimenea en medio del agua, porque entre los bajíos, el temporal, las lluvias  y las corrientes, el mar puede acabar como un potaje. Esta es una causa, pero también la del poco abrigo que dan para un barco, ni siquiera para los vientos dominantes; de que estos pedazos de tierra que parecen olvidados, casi dejados caer y flotando cual restos de un naufragio, bien lejos de cualquier lugar civilizado, obren el milagro de amordazar a los mecanismos del reloj y dejarlos parados. Las Strofades valen su misa.

En estas islas, cuyo nombre quiere decir algo así como vuelta o retorno, moraban las horrorosas Arpías, consideradas como las  personificaciones de la naturaleza destructiva del viento. Retenían a Fineo, rey de Tracia que tenía el don de la profecía y al que Zeus castigó por revelar secretos importantes del Olimpo. Este cautiverio se prolongó hasta la llegada de Jasón y los Argonautas, que enviaron tras las Harpías a los héroes alados Calais y Zetes, los Boréadas o hijos del “Boreas”, el viento del norte. Así que la importancia de la meteorología  en las Strofades estaba descrita ya en la antigüedad. Pero la historia de este archipiélago siguió mucho después ligada a los vientos y las tormentas. Dicen que fue la princesa Irene de Constantinopla, la que al salvarse de un temporal ordenó a un puñado de sufridos monjes que se quedaran a vivir en aquel lugar inhóspito.

Las islas desiertas no están mal; pero las semidesiertas y con pretéritos habitados fascinan de verdad, porque están pobladas de fantasmas. Solo hay que quedarse una noche mirando al imponente castro oscuro que domina la isla más importante; los ves ir y venir con desparpajo, preparando el fuego griego, derramando el aceite hirviendo, emitiendo suspiros lastimeros durante los asedios y sonando la campana; o moliendo el grano en el molino en un día corriente. Ultra cuerpos con forma de oca corretean entre los muros graznando.

Es uno de los recintos medievales más sugerentes que hemos visitado, no hay que olvidar que están en una isla y eso ayuda, pero la parte más inquietante es que todo se encuentra congelado y  detenido; hasta la puerta de entrada es la misma que hace mil años con sus clavos de mil años y sus rejas de mil años. Y las piedras del molino. Y las vigas y entramados; que podíamos atravesar con un dedo como si fueran espuma, de corroídas que estaban ¿O es posible que también nosotros nos hayamos convertido en ectoplasmas y podamos franquearlo ya todo? Estas cosas pasan en estos sitios.

Solo se dejan caer por aquí los “psarades”; pescadores; y algún que otro barco de recreo en su tránsito hacia el Peloponeso, o hacia el norte; hacia el Jónico más conocido. Así que resulta un tanto curioso que estos islotes hayan albergado una colonia de unas 60 personas, allá por el siglo XIII y construyeran piedra a piedra este mastodóntico edificio que ahora contemplamos.  El asentamiento fue posible porque las islas tienen abundante agua potable; también sorprende que cachos tan minúsculos de planeta tengan sitio para manantiales.

El castro bizantino permanece en pie, pero con tambaleos y recosidos tras los sucesivos seísmos  y junto con un monasterio forman un recinto amurallado que quedaba clausurado y autosuficiente al cerrar las puertas; cuando se preveía el ataque de piratas. Piratas es un genérico, pues se podría hablar de  normandos, venecianos, genoveses, catalanes, cruzados, búlgaros o turcos…en fin, todo el que se atrevió a transitar estas aguas en busca de los tesoros del imperio romano de oriente.  Pero fueron los turcos los que perpetraron la peor matanza, decapitando a todos los monjes menos a tres, que lograron escapar con el cuerpo incorrupto de San Dionisio y lo llevaron hasta Zakinthos. Hoy todavía existe una pequeña capilla llena de iconos del santo, donde levantado una alfombra se ve la tumba vacía y un monumento a los monjes decapitados. Espíritus y sombras.

En la actualidad solo vive un “papás” que ronda los 100 años y lleva 40 en la isla, cuidando su rebaño de ovejas, sus cabras, sus gallinas, sus gatos y un perro. En verano dos guardas le hacen compañía, pero pasado noviembre se queda solitario con sus fantasmas y solo se ausenta una semana al año para hacerse un chequeo médico. Supongamos que el galeno que le trata alucinará y estará escribiendo una tesis sobre la relación entre la longevidad y la ausencia de estrés. Conseguí verle al segundo día, con unas barbas por las rodillas; no sé si porque le crecieron desmesuradamente o porque a la vejez se mengua, y se movía algo mejor que muchos con la mitad de su edad. Ganas no me faltaron de hacerle una foto pero hubiera sido una falta de respeto y me reprimí. Además, posiblemente él era también parte de una aparición milenaria y ya se sabe que las cámaras no captan lo intangible y ultramundano.

– Te enamoras fácilmente de estas islas.

Me comentaba un conocido que había ido a visitar al “papás”.

– Y si te gusta la naturaleza, cuando te vas de aquí las añoras más que tu casa.

Así que ese debe ser el secreto de este hombre superviviente; que lleva 40 años enamorado.

Lo que apena bastante es el grado de deterioro del monasterio y el castro. Me comentaba el guarda que harían falta unos 10 millones de euros para restaurarlo y que claro, el estado griego no quiere ni oír hablar del tema. Es posible que si no hacen nada sea irrecuperable y en un próximo terremoto todo se venga abajo. Aunque ya sabemos que sucede cuando se restauran las cosas; todo cambia bajo la imaginación del historiador y las puertas, con sus clavos milenarios son sacadas de sus goznes y las piedras que trituraban el trigo de hace 10 siglos desmembradas de su molino; acaban sus días tras la vitrina de un museo. Si esto sucede, los fantasmas pierden interés y se evaporan en el aire sin un “mu” ni un arrastrar de cadenas. La discusión de siempre, la controversia servida. Ser o no ser, restaurar o conservar, he ahí el dilema. Cada uno que lo resuelva como quiera, yo tampoco lo tengo claro.

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

No hay comentarios

BAILANDO EN LA TABERNA

De todos los animales parece ser que el hombre es el único que es capaz de bailar, me refiero a danzar por placer, no valen osos ni perritos amaestrados ¿Para bailar qué necesitamos? ¿Música? Yo creo que no hace falta una melodía elaborada, sino que a veces basta con un compás desnudo; el de unos tacones, unas palmas, unos nudillos, unos palillos o unas cucharillas. O con simples pedorretas.  Pero no es extraño ver bailar; ilusionadamente me refiero; a loros o cacatúas. Precisamente son ellos, como nosotros, los únicos capaces de entonar música con la boca. Alguna vez leí algo al respecto; que para sentir la necesidad de mover los huesos al ritmo de una harmonía es condición imprescindible poder entonarla primero. Ay que ver lo complicada que es la mente.

Quien canta sus males espanta, pero quien baila también. Con los años, nos volvemos tan timoratos que solo cantamos y bailamos a solas, porque está claro que no lo hacemos muy bien de acuerdo a los cánones; nos olvidamos que ambas actividades son una válvula de escape a los sentimientos más profundos que se quedan dentro de la olla a presión de nuestro cerebro y que los bailes corales se idearon también como ceremonia de socialización y comunión entre los miembros de un clan.

Todo aquel que haya leído el Zorba de Katzatzakis, o visto la película del soberbio Anthony Quinn; que representó como nadie al griego inmortal; se acordará de lo importante que era el baile para el vital y libre personaje y que solo al final de la historia es capaz de hacer entender al intelectual y encorsetado Basil que la vida es mucho más simple y que muchas preocupaciones se solucionan de forma también sencilla; bailando.

Es verdad que los griegos son muy dados a sus bailes, en cuanto oyen un buzuqui, se ponen con las manos haciendo palillos, pero saben elegir muy bien el donde y el cuándo. A mí me revientan un poco los sitios turísticos donde ponen el Sirtaki y sacan a los guiris. Sosos, como ellos solos, se lanzan a dar patadas a diestro y siniestro con los brazos en alto. Es como lo del toro y el torero de los hoteles Portinax, en Ibiza, o en cualquier otro sitio de España; se me eriza el pelo de pensarlo. Así que cuando alguien me dijo lo de “enséñanos a bailar” Yo pensé que ni hablar, que habrase visto ¡Qué pensarán los de la taberna!
Pero fue en una noche de verano, de una lunita entera, llena de presagios y de hombres lobo, vampiros, locos y enajenados bailarines. La playa con 6 olivos oscuros, sordos y ciegos; para no decir ni mu. Solos solitos en la taberna, un rebétiko que te ponía la piel como de lija y los kilos de vino blanco que iban y venían de la cocina a la mesa ellos mismos, sin pedirlos.

Pamplinas al fin y al cabo, para justificar que al final consentí en enseñarles mi mal aprendido hasapikó, Sirtaki para el neófito, que me enseñó algún amigo bailón. Comenzamos a dar patadas a discreción, claro. Los hijos del tabernero, recién salidos del toril escolar, hacían sus deberes en una mesita en la esquina; o pintaban monas, más bien. Nos miraron divertidos y poco a poco se acercaron. El niño estaba muy serio,  yo le pregunté que si sabía bailar. Claro, me contestó muy orgulloso. Pues baila con nosotros. No. Pues nada, tú te lo pierdes. Y salió escopeteado a esconderse en la cocina.

Bailamos y bailamos, sin parar, como malditos; alzando los brazos, en corro y por separado. Y la niña, que era más niña, y que todavía no había sido picada por la timidez de los años se unió a la fiesta como uno más. Bailamos sin descanso. A su padre, el cocinero,  se le caía la baba de vernos, dejó el mandil sobre los fogones y salió también al ruedo. Bailamos todos como malditos. Y el niño, que atisbaba desde la cocina, se sintió estúpido y le entró una envidia total. Se arrimó como quien no quiere la cosa. Bailó como un maldito, rebozándose por los suelos, mientras le palmeábamos, pegando manotazos  a tierra y levantando la pierna sobre nuestras cabezas. Volaron los papelillos sobre nosotros que caían sobre el niño danzarín y en sus giros los revolvía haciéndolos flotar otra vez como torbellinos. Fue la luna, no lo dudo ¿Quién sino?

Cuando nos íbamos exhaustos, me preguntaron si habíamos disfrutado.

– ¿Cuándo nosotros vayamos a España también bailaremos como aquí?

– Claro, claro.

Pero no pude decirles  que un baile en España podría levantar ampollas, según en qué situaciones. Por ejemplo, si se ponen a bailar sevillanas en Bilbao o Sardanas en Valencia.

¿Cómo explicarles eso, si yo tampoco lo entiendo?

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

No hay comentarios

SKORPIOS DE NUEVO

Si pudiera hablar, Skorpios mandaría a todos al infierno para que la dejaran en paz, como a sus vecinos, los islotes de cabras y moscas. La verdad es que vista desde lo alto, tiene unas formas hermosas y suaves llenas de pequeñas bahías recoletas, situada en medio de un mar rodeado de hermanas más grandes, como Lefkada o Meganisi, que hacen imposible que un temporal la pudiera castigar; en otro lugar está su pecado.

Ya escribí el año pasado por estas fechas que la isla de Onassis había sido comprada por un millonario ruso como regalo para su hija; Ekaterina Ryvolovleva. La chica le comentó a papá que una íntima amiga suya, Athina Onassis, vendía una pequeña isla en el jónico, heredada de su familia materna, de la que no quería volver a oír a hablar. Fue por su 24 cumpleaños y a ella le hacía una ilusión tremenda pasearse como dueña por Skorpios, la glamurosa isla de Jaqueline-Kennedy-Onassis-María-Callas. Adueñarse de una tierra con historia es algo que a los ricos entusiasma; el dinero lo compra todo de forma rápida pero los cuentos de príncipes y princesas tardan más tiempo en escribirse. Hablamos de ricos muy ricos, sin fama ni laureles heredados, pero que bien se pueden crear a base de billetera. Ya descubrió el mismo Aristóteles Onassis lo de que si quieres ser popular debes rodearte de gente notoria. Él lo llevó hasta el extremo de casarse con la heredera más rica, enamorar a la diva más importante y volverse a casar con la viuda más celebre del momento; así consiguió la gloria.

Todavía resuenan en las montañas los ecos de las grandes fiestas que organizaba el mismísimo Onassis con insignes invitados de nombres solemnes que inmediatamente originaban nubes de flashes y fotógrafos de la prensa rosa persiguiéndolos a todos con teleobjetivos de metro. Mientras tanto hacía negocios. Como una enfermedad contagiosa, Ekaterina parece perseguir el mismo plan; emulando a su antiguo dueño ha montado un auténtico sarao para celebrar su 25 cumpleaños. Lo ha hecho a lo grande; gastando la pequeña cantidad de 4 millones de euros en preparativos. Conozco a gente que lleva más de 5 meses trabajando en la isla para la organización del gran evento que se ha dado en llamar “El  party del año”.  Un poco exagerado el calificativo; dados los tiempos que vivimos, ser algo del año requiere mucho más mérito ¿Acaso ha sido trending topic? Más de 60 personas vivían o viajaban a diario pendientes de las preparaciones. Todos estos están encantados. Me comentaba un amigo que incluso tiene gente de servicio encargada de cuidar la flora y fauna de la isla. Que afortunadas las serpientes y lagartijas de Skorpios, las ovejas, los pavos salvajes que corretean a su antojo. Podrían haber nacido en Atenas y simplemente se los habrían merendado.

También conté en anterior ocasión el empeño de Onassis en congraciarse con los habitantes vecinos¸ hubo algún cabrero desterrado que le juró muerte eterna; él simplemente sacó el talonario y le tapó la boca. Poco a poco se convirtió en un prócer de la zona y de todo Grecia; a pesar de que, en fin, esas fortunas inmensas no se consiguen nunca limpiamente, no salen las cuentas.

La fascinación de la Ryvolovleva por el antiguo dueño de Skorpios le hace seguir a pies juntillas el guion. Ha regalado una ambulancia nueva para el hospital de Lefkada y una flamante patrullera a la capitanía de puerto; instancia militar en Grecia; para que no se les cuele ningún maleante en patera. También ha dicho a sus invitados al cumpleaños que no le hagan ningún regalo, que lo donen a obras de caridad para niños.

Dicen que los concurrentes fueron divididos en dos equipos para participar en “la búsqueda del tesoro”; que podía encontrarse tanto en la tierra como en el mar. Quien lo hubiera pillado de niños, aunque fuera en una isla recortable ¿Verdad?  tanto mejor en una isla de tierra y agua.  Ataviados como piratas, con pistolillas laser y con dispositivos último grito que emitían señales sonoras o luminosas cuando el rayo les alcanzaba, declarándoles fuera de juego, corrían por los senderos o nadaban por las bahías entre risas, bromas y pavos asustados. Es más, para hacerlo real de verdad, amarraron un barco pirata, con tibias y calaveras. Ni Stevenson podría haberlo recreado mejor.

El caso es que una invitada se hirió y tuvo que ser trasladada al hospital de Lefkada; el de la ambulancia nueva; donde un equipo médico suizo, de uniformes níveos, muy almidonados y crucecitas rojas sobre fondo blanco esperaban atentos; contratados expresamente para cubrir las urgencias del evento, ante la duda de que la sanidad pública helena, con los tiempos que corren, pudiera hacerse cargo. Debió ser ante el estupor de los médicos y pacientes griegos del día a día, porque conozco el hospital y allí no cabe mucha gente. Pero supongo que ante el famoseo y el ricachón, las enfermedades comunes aflojan, pues son prescindibles.

Un portavoz familiar declaró que Ekaterina había decidido celebrar su aniversario en Skorpios por el gran apego que le tiene a Grecia; se siente muy cerca de su pueblo. Yo es que soy muy descreída y estos espectáculos feudales de las bodas de Fígaro y del conde de Almaviva me pueden. Además, lo que echo en falta es una voz lírica cantando “Casta Diva” a lo Callas; mi punto flaco de toda la historia. Que me perdone Beyoncé pero Anna Netrebko, la soprano rusa más codiciada del momento, hubiera sido más apropiada si de seguir la costumbre se trataba.

A  Skorpios se le presenta una segunda o tercera vida de sociedad y en muchos negocios de los alrededores, los nietos de aquellos que servían a Onassis se vuelven a frotar las manos. La isla, reverdece a la espera de que se aburran otra vez de ella y de que pavos vanidosos dejen de picotearle las entrañas..

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

No hay comentarios

BARCAS GRIEGAS

¿A que alguna vez os habéis preguntado si los barcos son masculinos o femeninos? ¿Por qué son los buques o las naves? ¿Qué es un barco y qué es una barca? No intento entrar en controversias feministas, no me interesa, es más me aburre, pero hago estas reflexiones por escrito para poner en claro mis ideas.

Lo primero que viene a la cabeza es el tamaño; uf siempre con lo mismo;  grandes ellos y pequeñas ellas. Pero es totalmente erróneo, pues en veleros diminutos se han hecho grandes navegaciones y por otro lado también hay barcas enormes y hasta barcazas. Lo segundo que se me ocurre es la capacidad de viajar grandes distancias y tener un espacio donde vivir bajo cubierta. Tampoco este punto está del todo claro, porque los ligeros balandros de competición no tienen ninguna habitabilidad y se consideran barcos. Posiblemente el hecho de llevar mástil y velas le asciende de categoría, como la sangre azul, y si los desarboláramos quedarían degradados de inmediato. Así que por un palito de diferencia, como el que cambia de la o a la a que escriben los párvulos, tiene una importancia crucial.

Un barco tiene derecho a múltiples nombres nobles y evocadores: goletas, bergantines, pailebotes, bricbarcas, fragatas, arrastreros, atuneros, cerqueros  o portaviones. Pero la a de una barca a penas aspira a convertirse en ita o aza, o lo que es peor, rebajada a esquife, bote o patacha, por no envilecerla más, cómo patera desolada. Aunque hoy en día, en las revistas, también codician al glamour de ser lanchas veloces con rubias impensables de largas melenas voladas, alguna esperanza les queda.

Pero si hay un lugar donde una barca alcanza solemnidad y trascendencia es en Grecia. Una visita no es completa si no se acerca uno a un puerto de “barculas”, lindas, en fila, bailando al compás de las salidas y entradas de barcos de más importancia y enseñando sus proas descaradas con el emblema esculpido de su nombre; María, Katerina, Los dos hermanos, San Nicolás… Es todo un espectáculo y hasta la más modesta atrae al paseante por la fidelidad de su existencia. Si no las has visto, no has visto nada.

Hace ya años, estuvimos amarrados en Spetses frente a un astillero artesanal de barcas de madera. El nombre nunca lo podré olvidar: Basilis Delimitros. El maestro nos entretenía cepillando hermosos tablones enterizos y transformarlos en rodas y quillas poderosas en las que articulaba con precisión cuadernas y varengas para construir esqueletos prehistóricos.

Como desembarcábamos por su taller, a través de serrines, gubias y formones, con ese aroma emocionante que tiene la madera recién cepillada, podíamos observar la delicada metamorfosis de sus criaturas.

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

No hay comentarios

LAS CALMAS DE ALCYONE

El Alcedo atthis, o Martín pescador, es un pájaro muy pinturero. El dorso del cuerpo, cabeza y alas es azul-turquesa con destellos verdes; el vientre y los ojos son de color naranja, mientras que las zonas de la garganta, orejas y orificios nasales son blancas; todo un arcoíris pajaril. Pero esta ave, además de colorida, es un símbolo de paz y tranquilidad. Anida en pequeñas grutas y cuevas cercanas a la orilla que adornan con escamas de pescado, conchas y ramas de plantas del litoral. Es especie migratoria y aparece en el Mediterráneo cuando el verano termina y permanece aquí hasta el final de marzo. Por lo general, ponen sus huevos en enero en las grietas de la costa, coincidiendo con las calmas invernales mediterráneas y con las menguas; es decir con la bajada del nivel del mar que se produce después del solsticio de invierno. Calmas y menguas facilitan que el Martín pescador anide en oquedades cercanas al agua y no tenga que desplazarse mucho para pescar para su futura prole.

El alción era venerado por los polinesios, que creían que controlaba el mar y las olas. Pero más cerca nuestro, en Grecia como no, su presencia en las costas era mítica y relacionada con los “días de Alcione”

Alcíone, ἀλκυών, era la hija de Eolo y se casó con Ceyx, rey de Tesalia, hijo de Eosfóro, el que trae a Eos, el que trae la aurora. Y dicho sea de paso, sobrino de Fósforo, el que trae la luz; si lo ponemos de otra forma: Lucifer. Uy que fácilmente me voy por las ramas, algo bastante normal cuando hablamos de mitología.

Alcione y su marido vivían felices, pero Ceyx quiso consultar algo en el oráculo de Apolo; pertrechó su nave y zarpó una buena mañana, negándose en redondo a que les acompañara la desconsolada Alcione. Nunca volvió a saber su esposa de él, ni tampoco le llegaron noticias de su triste naufragio; ella permanecía impertérrita esperando su regreso. Fue Morfeo quien se compadeció de su inocente inopia y le hizo ver en sueños amargos a su amado desapareciendo en el mar en medio de una furiosa tempestad. Para que contar más; ella se lanzó desde un acantilado, como es natural. Alcione sufrió una verdadera transmutación en su caída y se convirtió en pájaro de colores y anidó en una grieta del precipicio. Eolo se apiadó de su hija e intercedió ante Zeus para que permitiera que durante un tiempo, el mar permaneciera en calma y el pájaro pudiera poner los huevos tranquilo; los días de Alcione.

El fenómeno meteorológico existe, aunque no es fijo ni constante en el tiempo; hay años que no se produce; pero sí que hay un periodo de días, localizados entre el 15 de diciembre y el 15 de febrero, en que el anticiclón invade el Mediterráneo, solazándose y expandiéndose, para dar muy poco gradiente barométrico y casi nada de viento. En España solemos llamarle “calmas de enero”, aunque no siempre coinciden con este mes.

Hay otra Alcione, pero esta es estrella; de hecho la más brillante de las Pléyades; las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone. Si el pájaro y la estrella están relacionadas ¿quién lo sabe a ciencia cierta? pero sí que es verdad que los griegos hablan siempre de las Pléyades, cómo τα πουλιά, “los pájaros”.

<em>Post publicado en nuestro blog <a href=”http://navegandoporgrecia.blogspot.com/” target=”_blank”>Navegando por Grecia</a>.</em>

 

 

2 comentarios

OBSERVANDO EL CIELO

Con aquel dulce viento, el divino Ulises desplegó su velamen; sentado rigió con destreza el timón; no bajaba a sus  ojos el sueño, velaba a las Pléyades vuelto al Boyero de ocaso tardío y a la Osa, a que otros dan el nombre del Carro y que gira sin dejar su lugar al acecho de Orión; solo ella de entre todos los astros no baja a bañarse al Océano. La divina entre diosas, Calipso dejó dicho a Ulises  que arrumbase llevándola siempre a su izquierda. Odisea, Canto V  (269-277).

Homero embellece el firmamento. Que elegante manera de describir a un grupo de estrellas circumpolares; siempre visibles sobre el horizonte para los mediterráneos y siempre dando vueltas alrededor del polo norte. Y muy buena pista de cómo se orientaban los navegantes ilustres. Nunca mejor dicho, pues si dejas el carro siempre a tu izquierda, navegas hacia oriente. La mayoría de los astros salen por un lado del horizonte y se ocultan por el otro; pero no el Carro, debido a que su declinación es parecida a la latitud de nuestras tierras nunca puede mojarse en el mar. Esa fue la condena de la ninfa Calisto y su hijo Arkas; palabra semejante a ἄρκτος (oso); que fueron convertidos en osos y lanzados por el rabo al cielo; el mismo Zeus lo hizo, para evitar las iras de su celosa esposa Hera. La terrible diosa les maldijo y les prohibió que se acercaran al reino de Poseidón, siempre darían vueltas sin tocarlo ¿No es hermoso?

La contemplación del firmamento es tan antigua como la humanidad, ya en Mesopotamia se describían las constelaciones y el zodiaco basado en la división en doce partes iguales de la banda celeste sobre la cual trazan sus trayectorias el Sol, la Luna, y los planetas. No tenían televisión ni internet y dedicaban su tiempo a tareas emocionantes. Pero si se observaba con cuidado el cielo no es nada simple y así como las estrellas aparecían en posiciones fijas, un día tras otro; en el corto tránsito de una vida; los planetas representaban un quebradero de cabeza. En efecto, estos astros al recorrer la banda del zodiaco retrogradan, invierten su dirección, retroceden sus pasos conforme pasan los días, para luego volver a retomar su rumbo. De hecho πλανήτης, planeta, tiene la misma raíz que πλανεύω, engañar o seducir. Platón ideo el modelo de dos esferas concéntricas para explicar el movimiento de los astros. La Tierra se ubicaba inmóvil en el centro del cosmos, con las estrellas fijas en la esfera celeste a lo largo de la cual se mueven el Sol, la Luna y los planetas. El filósofo planteó el desafío a astrónomos y matemáticos instigándolos  a proponer un modelo de movimientos circulares y uniformes que explicaran la retrogradación de los planetas. Fue más de un siglo después cuando Eratóstenes ideo su esfera armilar. Es realmente sorprendente la invención de artilugios tan sofisticados como el mecanismo de Antikithira, del que ya hable hace tiempo, para predecir la posición de los astros en el cielo así como sus eclipses.

Todo esto era fundamental ya que las observaciones astronómicas indicaban cuándo plantar las cosechas y cuándo segar el grano, localizar sus templos, en que momento emprender una travesía, cómo diseñar sus casas e incluso cómo orientar sus ciudades. La supervivencia y el éxito de un recién nacido, dependía de cómo estaban dispuestos los astros porque indicaban la época del ciclo solar. Es lógico que la  astronomía y la astrología fueran de la mano en muchos sentidos. La división de la eclíptica  en doce partes iguales que abarcaban sus correspondientes estrellas, el zodiaco, el ciclo de los animales, tenían mucho de ciencia, pero también algo de magia; lógico que allí fueran a parar los héroes y los mitos convertidos en constelaciones. Fue otra vez Eratóstenes en su “Catasterismo” quien se tomó la molestia de explicar; o inventar;  los orígenes de las distintas constelaciones y asterismos según la mitología griega, indicando el porqué de esta transformación en estrellas de los diversos héroes y dioses representados en el cielo.

Pero en muchas constelaciones la controversia está servida; como en el caso de Sagitario en el que unos mantienen que es el propio Quirón y otros que era el sátiro Croto;  y como nunca sabremos si fue primero el huevo o la gallina cada uno se queda con lo que quiere y guste. Muchos de los mitos recogidos ya formaban parte del acervo cultural heleno desde siglos atrás, otros los creó él mismo, en un intento de sistematizar las historias de las constelaciones. Parece haber una estrecha relación entre los nombres de las antiquísimas figuras zodiacales y el mito de Jasón, sus legendarios argonautas y su viaje en pos del vellocino de oro, lo que demuestra la importancia de esta aventura para el mundo clásico. Así Aries hace referencia al propio carnero del vellocino, Leo al león de Nemea de Heracles, al que se le representa siempre vestido con su piel, Géminis a los gemelos Cástor y Pólux, Virgo a la sacerdotisa del templo donde se custodiaba el vellocino. También existe una Argos Navis, una constelación del hemisferio sur, que se extiende desde Can Mayor a la Cruz del Sur.

Y yo si tengo que elegir, prefiero al buen centauro Quirón como sagitario porque la historia queda más redonda. Quirón fue un sabio y prudente médico, veterinario, músico, astrónomo y principalmente, maestro de personajes tan importantes como Jasón o Aquiles. Vivía en el monte Pelión y su fama era tan grande que allí le llevaban a jóvenes tan ilustres como los anteriores, para que les adiestrara en diversas materias. Dicen que ideó la esfera que lleva su nombre; no he conseguido encontrar nada relacionado con la esfera de Quirón que no sea esotérico, aunque bien podría ser un elemento circular como los descritos por Platón para localizar los astros y que le valdría a Jasón para situarse en su viaje. Quirón fue herido por una flecha errada de Heracles. Era médico y conocía pócimas milagrosas preparadas con las plantas más raras del Pelión, pero no pudo aliviar su dolor; decidió ceder su inmortalidad a Prometeo para librarse del sufrimiento. Así fue, murió y salió despedido hacia el firmamento, convirtiéndose en el Arquero, para servir de guía a los eternos argonautas que dan vueltas por los mares. La astronomía ha avanzado muchísimo, hoy las estrellas reciben nombres muy áridos para memorizar y sabemos que las cosas del espacio son más complicadas que estas historietas de dioses vengativos, inocentes ninfas y animales prodigiosos.

Pero, también es la propia ciencia la que habla de cuántica, teorías de cuerdas o membranas y universos paralelos. Si hay varios posibles, yo me quedo a vivir en este, el mágico de la Grecia Clásica.

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

No hay comentarios

LA ESTRELLA DEL NORTE

Una de las preguntas más frecuentes que nos hacemos al leer sobre el viaje de Jasón y sus argonautas en busca del vellocino de oro; que nadie sabe a ciencia cierta que era; es como consiguieron completar su periplo y volver a casa. Porque ir es lo fácil, volver lo difícil. Jasón había sido criado por Quirón, el centauro sabio que le instruyó en muchas artes, en concreto de la astronomía y parece ser que le enseñó un calendario para navegar; no sé si me equivoco, pero creo que se llamaba la Esfera de Quirón.

Sus hazañas se transmitieron de forma oral de generación en generación; hasta que mucho después el virtuoso Apolónio de Rodas decidiera plasmarlo en texto; pero la fecha exacta del viaje y sus conocimientos sobre navegación quedan ocultos en el tiempo. Así que lo que voy a hacer aquí es pura aventura; tan arriesgada como los viajes del Argos, adentrándose en territorios desconocidos. Todo es verdad o es mentira.

Posicionarse en el mar siguiendo las estrellas es tan antiguo como la humanidad, pero la ausencia de relojes exactos, hasta el siglo XVIII,  hacia muy limitado el número de cuerpos celestes a observar; esto me llevaría largo rato de explicar y con una buena ración de geometría esférica, así que lo dejamos aquí flotando.

Pero no es muy complicado pensar que un buen candidato para nuestros antepasados marinos, sería un astro siempre visible y situado en el polo. Mientras la posición aparente de las demás estrellas cambia durante la noche, rotando alrededor del eje celeste, la posición aparente de las estrellas polares se mantiene fija. Esto las hace especialmente útiles en la navegación, pues su dirección indica su polo geográfico respectivo, y su ángulo de elevación se puede usar para determinar la latitud. En nuestro hemisferio la “estrella del norte” es el faro más antiguo que guiaba a los primeros navegantes del Mediterráneo, nuestra familiar Estrella Polar de la constelación de la Osa Menor.

La identidad de la estrella polar cambia con el tiempo debido a que los polos se van moviendo por la precesión de los equinoccios, un cambio lento y gradual de la orientación del eje de la Tierra, que causa que los polos describan un círculo en el firmamento, completándolo aproximadamente cada 25776 años y apuntando a distintas estrellas.

Hace 5000 años la estrella más cercana al polo norte; y por tanto la estrella polar del momento;  era Thuban, en la constelación del Dragón. La importancia de esta estrella entre los egipcios se pone de manifiesto en el diseño de sus pirámides, cuyos canales de aireación se orientaban a objetos concretos de la bóveda celeste. Así, el canal norte apuntaba a Thuban, marcando el camino que debía seguir el alma del faraón para llegar a las estrellas.

Hacia el año 1900 A.C. la estrella Kochab comenzó a sustituir a Thuban como estrella Polar. Esta estrella; la β de la Osa Menor; fue usada como estrella polar entre el 1500 a.C. y 500 A.C.  Figura en las obras de Homero y los antiguos árabes la llamaban “Al Kaukab al Shamaliyy”, es decir, “La Estrella del Norte”.

En torno al año 800 D.C. una pequeña estrella  de la constelación de Camelopardalis, la Jirafa, ostentó la posición polar, hasta que hace poco más de mil años la estrella α Ursae Minoris obtuvo la consideración de estrella Polar que mantiene hasta hoy y conservará hasta el año 3500 D.C. aproximadamente.

Pero además de posicionarnos, una estrella inmóvil en el polo sirve para decirnos la hora que es, pues todo el firmamento gira entorno a ese punto quieto, como las manecillas de un reloj entorno a su eje.

Todavía podemos exprimirla aún más y utilizarla como calendario celeste, porque esa manecilla del reloj de la que hablaba antes no está todos los días a la misma hora en el mismo sitio. No me extiendo mucho más, pero sí que os dejo un enlace de una página donde se explica esto con claridad.

Así que una estrella polar permitió a los hábiles marinos  antiguos realizar una serie de proezas al mismo tiempo que describían el mundo con sus viajes. Y lo más importante: regresar a casa para contarnos sus peripecias.

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.


No hay comentarios

PELOPONESO: EL MANI

Cuando volvemos del Egeo, rumbo al Jónico, por el sur, siempre nos damos de bruces con el Ténaros, en la infancia conocido como cabo Matapán; que ya de por sí viste, porque matar un pan parece la peor de las fechorías. Pero además es onomatopéyico, algo así tal que sentir precipitarse a las rocas en el mar ¡Rataplán! La zona más meridional del continente europeo, la zona más profunda del mar Mediterráneo, la zona más rara de Grecia. Solo hay que mirar al Taigeto, la cordillera que es la falange de este dedo central del Peloponeso, un monstruo pétreo, un ejército montañoso que se desliza para desplomarse en el mar profundo ¡Rataplán! Aquí está la entrada del Hades. Yo nunca la busqué.

No he navegado todo el apéndice del Ténaros, porque no tiene buenos puertos para un barco y lo único decente es Porto Kayo; de caille, codorniz, nombre que le dieron los franceses, que llaman las cosas como ellos quieren; debido a las numerosas bandadas de estas aves que aquí se congregan antes de partir hacia el sur para pasar el invierno. También llamaron Morea a toda la patria de Pélope; cuando todo el mundo sabía que se llamaba Peloponeso. En los tiempos clásicos, esta tierra no era muy diferente del resto de Grecia, el contraste vino después, cuando cayó el imperio romano y después el bizantino; cuando llegaron los otomanos. Las oleadas sucesivas de refugiados expulsados por unos u otros, generaron una lucha por el poder y control de áreas de alguna riqueza, en un territorio algo desolado. Su nombre, Mani, posiblemente proceda de “la mano” italiana, pues en esta extravagante parte del mundo cortaban las manos antes de ejecutar a los criminales.  A esta tierra extraña de piedra desnuda y estéril, donde ni el polvo se pega a los caminos,  vinieron a parar muchos exiliados, entre ellos los descendientes de espartanos y las familias de los últimos emperadores bizantinos. Tras la conquista franca de Grecia, Mani era una oligarquía feudal de poderosas familias que luchaban unas contra otras, o bien juntas contra los recién llegados y donde una afrenta al clan se debía vengar necesariamente, no importaba que generación consiguiese realizar el desquite, ni siquiera de si se acordaban de cuál era el motivo de su vendetta.

De las primeras veces que arribé a Porto Kayo conservo unos dibujos míos de torres grises con pájaros negros; murciélagos o vampiros. Hay que aclarar que mis devaneos pictóricos son algo parecido a Godzilla con un plumier; pero me sirven para recordar cosas importantes; torres y vampiros. Y de hecho di en el clavo.

Las torres son notables y singulares; esa forma de construcción ortogonal que sale directamente de las rocas grises de la montaña te advierten de que estás en otro mundo, que el Mani no es parecido a nada de lo que has visto en Grecia. Las llamadas torres Nyclianas se construyeron como elemento de defensa y ataque sobre familias rivales; surgían con cada oleada de refugiados, que venían a disputar lo poco que había, y crecían durante los periodos de tregua, ascendiendo por el aire, también para demostrar el prestigio familiar, pero solo se habitaban en periodos de contiendas. La mimetización de las torres con el paisaje produce un efecto tan curioso que a veces cuesta distinguir un pueblo; como en Mezapo, donde hace ya algunos años pasamos de largo pues no lo veíamos a la distancia. Y al revés también sucede que las rocas se agrupan tan densamente que engañan, con pueblos inexistentes.

Quizás sean estos espejismos los que hacen tener creencias esotéricas y escatológicas, o quizás sea la cercanía del respiradero del Hades, el caso es que los maniotas son supersticiosos. Dicen que en verano los fantasmas vagan por los caminos por el día y en invierno durante la noche; clamando venganza. También hablan de brujas, demonios, nereidas, górgonas y la importancia profética de los sueños. De hecho hay gente que cree en los vampiros. Yo misma, con solo mirar a esas torres me imagino el castillo de Bram Stroker y al su conde reptando por las paredes.

Esta punta de Europa, aficionada a la piratería, con su sociedad feudal, con su vida espartana, no ha producido grandes obras literarias ni musicales, pero si un tipo de canción popular muy especial: los Mirologia, canciones para los muertos, de los que ya hablé en otra entrada; un género surgido espontáneamente que se transmite por tradición oral desde la noche de los tiempos.

Sitio raro y tenebroso, con un carácter tozudo e independiente, este del Mani; fue aquí donde se gestó el movimiento de independencia contra el imperio Otomano; pero con un atractivo tan especial que ha generado numerosos libros de viajeros fascinados, de los que el más conocido es el de Patrick Leigh Fermor, “Viajes por el sur del Peloponeso”; lectura inexcusable si se quiere conocer la zona. En verano son numerosos los turistas que se acercan a Kardamili para ver la casa del escritor.

Muchas lecturas, así como habladurías griegas, describen a los maniotas como desconfiados con el extranjero, pero con un gran corazón para el que realmente lo necesita. Una de las veces que fondeamos en Porto Kayo, nos habíamos quedado sin pan, nos acercamos a una taberna y le pedimos al dueño si nos podía vender algo. Nos dio una hogaza exquisita y crujiente, cuando le quise pagar me respondió que no se puede cobrar por el pan a un navegante hambriento, mientras hacia un gesto con la mano sobre el pecho.

Esta vez volvimos a las andadas y llegamos al Mani con solo unos pocos mendrugos. Me acerqué a la misma taberna, que ahora regentaba el hijo, mientras el padre veía la televisión. Nos cobró dos euros por un pan más duro que las cumbres del Taigeto.

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

 

No hay comentarios

Islas griegas: Tasos y sus bárbaros

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.
No me gustó la mirada de esos viejitos sentados bajo el plátano en un banco. No me gustó y me preguntaba que hacían allí en vez de estar en un café o paseando por la orilla mirando al agua y charlando. Si algo tienen estas islas es una bondadosa vejez, ya te conocen en todos lados, ya te sirven el café como te gusta sin preguntar, ya puedes despotricar a voz en grito sobre lo que te venga en gana sin que nadie piense más allá de “ya está Mijalis con su murga”. Pero la verdad es que desde donde estaban se veía poca cosa; el mar a duras penas.

En Tasos todavía es posible admirar el muelle de lo que fue un espléndido puerto de mármol. En sus épocas gloriosas de minas y comercio de metales preciados, dicen que incluido el fondo de la dársena era también de esa codiciada piedra; siempre he pensado que para incordio de los capitanes que quisieran echar el ancla, la notaría deslizarse con desespero por su superficie pulida y blanca, acordándose mucho del diseñador del momento. La verdad es que esas naves ligeras fácilmente se varaban en la playa. Ahora incluso, el varadero sigue en el mismo sitio; un privilegio histórico. Y detrás, entre frías casas modernas de hormigón paleto, los restos de la antigua ciudad y su teatro; destruidos, claro. No importa, lo nuevo y lo viejo pueden convivir sin molestarse, o molestándose solo un poco. La isla esmeralda, como la han llamado algunos a los que les gusta calificarlo todo, es una montaña cubierta enteramente de pinos mayúsculos que dan sombra a los caminos y a las fuentes; el resto, playas de arena sobre un mar tranquilo alrededor. ¿Qué más se puede pedir para ser una encantadora de viajeros?

Pero los abuelos bajo el árbol no podían ver nada de eso, se lo tapaban los toldos, las mesas llenas de botes de Kétchup y los anuncios de Happy  hours  y combinados diabólicos ¡Más de 200 tipos de cócteles!

La primera noche que pasamos nos costó encontrar una bahía agradable, todas sembradas de hamacas y bares estridentes, dejaban poco descanso visual y al final, la elegida, no fue lo esperado, con el chunda- chunda y los bramidos que venían de un hotel cercano. Es posible que fuera una cosa anecdótica, mañana, ese puerto de mármol nos tenía reservadas las delicias de esta isla hermosa de la que todos contaban maravillas.

Pero nada más llegar, los viejos. Y antes, lo nunca visto, ninguno de los tripulantes de los barcos vecinos vino a esperar nuestras amarras, solo nos miraron desde sus bañeras. Y después, paseando por el esperado puerto,  a todo el que preguntábamos por la calle era hosco y desagradable. ¿Ha habido una guerra nuclear? Es imposible que de Limnos a aquí haya cambiado el mundo. El pueblo nos exhaló una bocanada de amargura que nos dejó helados.

Tasos es la más septentrional de Grecia y comunicada con el continente por Kavala, ya muy cerca de la frontera con Bulgaria. Esta proximidad y la facilidad de acceder a bebidas alcohólicas relativamente baratas la ha puesto de moda entre turistas de poco presupuesto y mucha sed;  por desgracia Tasos les ha dado lo que pedían: playas cubiertas de tumbonas de colores que impiden el acceso al que no esté dispuesto a utilizarlas, tan pegadas las unas a las otras que distinguen a la playa como la verde, la naranja o la azul; músicas atronadoras de ritmos patateros,  destellos de luces y promesas de juergas perpetuas; los tour operadores se encargan del resto. Lamentablemente familiar.

La historia de este país es una sucesión de invasiones; romanos, persas, bárbaros, otomanos;  los hubo brutos y devastadores que destruyeron todo a su paso, o ilustrados y sensibles que se quedaban sorprendidos por lo que veían y simplemente lo tomaban y lo copiaban. Entre los  invadidos hubo resistentes numantinos, pero también los que se entregaban sin batalla y con indolencia. El país  que hoy conocemos, es el resultado de estas oleadas ocupadoras y de otros tantos actos heroicos por no dejarse aniquilar. Pero ahora la invasión más contaminante, el turismo; esa que busca lo mismo que tenía en su casa pero en allí en lejos y remoto, ya sea Bali o Cancún; acecha todo lo que sea distinto para correr un manto nivelador y convertirlo en un uniforme. Es dañino y devastador. Cuando te quieres enterar ya no encuentras ni la plaza, ni el café; a duras penas la puerta de tu casa. Entonces te entra la amargura y culpas al extranjero que te pregunta y saluda, pero ya es tarde.

– En la isla de al lado dicen que sus habitantes se han levantado en armas para que se prohibiera un festival de música tecno.

– Pues vamos allí ¿Cómo se llama?

– Samotracia.

Me vino a la memoria un sugerente poema de Kavafis: “Esperando a los bárbaros”

 

¿Qué esperamos reunidos en el ágora?

Es que hoy llegan los bárbaros.

¿Por qué el Senado está inactivo?  ¿Qué pasa que los Senadores no legislan?

Porque hoy llegan los bárbaros. ¿Qué leyes pueden hacer ya los Senadores? Los bárbaros legislarán cuando lleguen.

¿Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano  y está sentado en la puerta principal de la ciudad,  solemne en su trono, luciendo la corona?

Porque hoy llegan los bárbaros. Y el emperador espera recibir a su jefe. Hasta ha preparado un pergamino para entregarle. Allí ha consignado muchos títulos y nombres.

¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron hoy con sus rojas togas bordadas?  ¿Por qué llevan brazaletes con tantas amatistas,  y anillos con espléndidas y brillantes esmeraldas,  por qué empuñan hoy preciosos bastones  magníficamente recamados de oro y plata?

Porque hoy llegan los bárbaros, y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

¿Por qué los ilustres oradores no vienen como siempre  a echar sus discursos, a decir sus cosas?

Porque hoy llegan los bárbaros, y a ellos les fastidian la elocuencia y las arengas.

Por qué comienza de pronto esta inquietud  y confusión. (Qué serios se han vuelto los rostros.)  ¿Por qué se vacían rápidamente las calles y plazas  y todos vuelven a sus casas muy pensativos?

Porque anocheció y los bárbaros no han llegado. Y algunos que han venido de las fronteras  dijeron que ya no hay bárbaros.

Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.  Esos hombres eran alguna solución.

 

No hay comentarios

Las Espóradas del Norte y sus calamares

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.
No teníamos muchos deseos de volver a las Espóradas del norte porque estuvimos en ellas cuando solo eran unas islas anónimas; antes, mucho antes de que se hicieran famosas por una película y todo el mundo las descubriera de golpe. Pero teníamos un compromiso; eufemismo por trabajo; y estábamos resignados a tragarnos el Mama Mía que hiciera falta.

Cuando las conocimos, era casi imposible encontrar un sitio en los puertos, pues estaba todo repleto de barquitas de pesca y debías pedirles por favor que te hicieran un hueco. Me acuerdo de llegar a Patitiri, el puerto de Alónisos, y tener que colocarnos cerca del ferry en la entrada. Todavía no había aparecido la primavera  pero no hacía mucho frío. Estábamos sentados en la bañera del barco contemplando la tarde cuando se acercó a saludar el marinero que vigilaba el Ferry por la noche. Lo de siempre: ¿Bandera España? Sí, yo barco grande, conozco en Málaga, La Coruña, Cádiz. La cantinela de la generación que se embarcó para no pasar hambre. Con su poco español y nuestro peor griego de entonces, le invitamos a tomar un café y una copita, acompañado por una pastilla de chocolate para endulzar. No sé de qué chorradas hablaríamos, pero las horas pasaron volando; cuando ya se nos gastaron todos los dimes y diretes se despidió, se metió la pastilla de chocolate en el bolsillo y nos dijo:

– Gracia, muchas gracias por la “parea”.

Es decir gracias por la charla, la pizca de amistad, las noticias de fuera, la compañía, el café, los recuerdos de mis viajes, el entretenimiento, el tiempo que habéis gastado conmigo. Todo eso quería decir esa frase escueta de ese hombre solitario que se iba; eso sí, con nuestro chocolate en el bolsillo. Me empezaron a gustar estos griegos; con desparpajo, pero a la vez sensibles de valorar las cosas simples.

De las Espóradas también recuerdo sus calamares; siempre he sido una obsesa de estos moluscos, mi comida favorita desde la infancia, cuando mi madre me preguntaba:

-¿Qué quieres que prepare para tu cumpleaños?

– Calamares en su tinta.

El recuerdo de aquellos trocitos aromáticos y ennegrecidos es algo que se pierde en la niebla cerebral, porque aunque mi madre los sigue cocinando de la misma forma, los animales no son los mismos ahora, ni saben lo mismo, ni tienen la misma textura,  ni las aletas donde deben. Pero para mi sorpresa, todo un mundo de imágenes evocadoras explotó en mi boca al probar un ejemplar de las Espóradas cuando llegamos aquel lejano año. Fritos o a la plancha despedían un perfume que hacía volutas con mis recuerdos. En concreto había un sitio, en Steni  Vala, un pequeño puerto de Alónisos, donde valía la pena ir solo para comer calamares; te servían el platazo y se acababa de golpe el olor a pinos y aliagas. Ahora, venía dispuesta a comer calamares hasta que me diera un cólico miserere.

Las islas no han cambiado mucho, afortunadamente, pero sí que algunas, como Skiathos, se han vaciado de contenido para dar cabida a los turistas; nunca lo entenderé; las barquitas han desaparecido para que amarren los yates y es imposible encontrar una panadería o una tienda en lo que originariamente fue el pueblo, las han trasladado al extrarradio y el bonito casco de callejas estrechas solo alberga habitaciones de alquiler, tiendas de ropa, suvenires, heladerías y restaurantes. Bastante desolado fuera de temporada. Todo es Mama mía: batidos, pizzas, excursiones, restaurantes y hasta en el cine local, un cartel anunciaba el pase tres veces por semana. Lo curioso es que la mayor parte de la comedia musical no está rodada aquí, si no en el Pelión; pero eso no importa al turista que reserva un viaje desde Estocolmo, mientras se graba las canciones de Abba en el IPod.

También hay cosas positivas, todo hay que decirlo, como la recuperación del antiguo pueblo de Alónisos, antes abandonado en la montaña, que ahora tiene quien lo cuida y lo habita.

Tuvimos esta vez un tiempo infame y si de algo adolece este archipiélago es de buenos puertos para pasar el mal viento, el malo de verdad, ese que sopla con fuerza de temporal cada vez de una dirección; en todos los sitios nos movíamos como pulgas en una coctelera. Salíamos pitando de una noche incómoda, entre aguaceros, para ir a parar a otra noche de pesadilla. Yo en todos los sitios pedía calamares. Nada.

Perdí la esperanza, a base de empacharme a buñuelos refritos sin sabor; y lo peor, perdí la fe. Sumida en un mar de dudas barajé la posibilidad de darme a otros cultos de peces o crustáceos, pero cuando te entra la desgana y el desinterés ya es tarde; me convertí en atea y me resigné a un mundo triste de sabores uniformes; ya fuera pollo, huevo o calamar; de comidas distinguibles solo por su color. El mundo “burguer”, sin dioses ni héroes cefalópodos.

Fue particularmente desagradable la noche que pasamos en Patitiri esta vez, donde no pudimos bajar ni  para dar una vuelta, los barcos íbamos y veníamos como peonzas y al vecino estuvo punto de saltarle el molinete por los aires por no ponerle a la cadena un seguro con cabo. Cada vez que el barco salía lanzado con la ola se tensaban las amarras y nos quedábamos vibrando y resonando como la tripa de un tambor. Habíamos dado una amarra de cabo acolchado en un costado y no una de las trenzadas; podrá parecer una chorrada pero al cambiarla, el barco dejo de pegar socollazos bruscos y comenzó  un ir y venir acompasado, gracias a la elasticidad de la trenza; cuestan un potosí, pero en estos momentos agradeces haberte gastado el dinero y constatas que una amarra buena es un cabo especial y no una ganga o cualquier escota vieja  que ahorre dos duros.

En el momento que amainó un poco la lluvia y aprovechando el viento del norte decidimos partir hacia el sur, a buscar mejores temperaturas. Antes de irnos, al hacer la compra, nos acercamos a un pesquero que se había abarloado al muelle a descargar y en el que los marineros vendían el rancho que les tocaba como parte de la paga. Tenían pescadito pequeño con muy buen aspecto, pero la posibilidad de freír a bordo con el tiempo que hacía no era algo a contemplar. Cuando ya nos íbamos, me hizo una seña con la mano para que esperara, se fue a buscar en uno de sus cubos y me enseñó un calamar; un hermoso ejemplar de piel de reflejos morados y rojizos, con unos ojazos penetrantes y brillantes de lluvia ¡con las aletas en la punta como un flecha de Eros!

Salimos de allí con cerca de dos kilos de calamares por una miseria. Me puse a limpiarlos enseguida y según los abría y les separaba sus tintas tersas y enteras me entró el perfume de la revelación. Y cuando los eché en la cazuela los reconocí de inmediato; volví a creer, me convertí de nuevo, recuperé mi fe y mi devoción.

Dejamos una traza de olor por todo el puerto y un lamento de los gatos congregados frente a la pasarela al soltar las amarras.