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Elegir el barco de alquiler en Croacia

La elección del barco que alquilaremos en Croacia es esencial para pasar unas buenas vacaciones. Está claro que cuanto más reciente sea, mejor estado de la embarcación. Pero hay que considerar que las buenas empresas mantienen sus barcos en perfectas condiciones. Es mejor un barco de una agencia que se esmere en sus mantenimientos que una que tenga barcos más nuevos.

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Navegar saliendo de Split: isla de Solta

 

Si alquilas el barco en la zona de Split, no te perderás la isla de Solta.

En la Dalmacia Central se encuentra la isla de Solta, muy cerca de la Brac, y de la ciudad de Split, ambos lugares separados por el canal del mismo nombre. Los romanos, llamaron a la isla Solenta y no es difícil encontrar vestigios de su paso por la isla.
Las calas más conocidas son Necujam, Rogac y Maslinica. Esta última, en la parte occidental de la isla, es la más tranquila y alberga el castillo del Conde Alberti. Gran protección de todos los vientos, excepto el Bora. Rodeada de varias islas en la entrada, no es aconsejable recalar de noche. Hay profundidades de tan sólo 2.8 m entre los islotes de Polebrnjak, Sakinja y Šolta. En el puerto hay muelles para atracar
Rogač es un puerto pequeño donde se puede amarrar al muelle con electricidad y agua. La bahía está expuesta a los vientos del norte.

Nečujam es la bahía más grande de la isla, situada en la parte central de la costa noreste Se extiende profundamente en la isla y se ramifica en seis o siete calas más pequeñas. La más profunda llamada Piškera, todavía esconde los restos de un estanque privado que perteneció al famoso emperador romano Diocleciano, que vivía en su palacio en Split, hace unos 1.700 años. La bahía de Nečujam está desierta fuera de temporada, pero en verano está masificada. Aquí hay todo tipo de instalaciones, piscinas, playas con duchas, restaurantes y supermercados.
Al sur de la isla hay dos sitios principales bien protegidos del norte: Uvala Vela Travna y Uvala Stračinska. Travna está expuesta a los vientos del sur y suroeste, pero es una cala profunda con profundidades en torno a los 5 m cerca de la orilla. En Stračinska hay una piscifactoría.

 

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Navegar en velero por las Kornati, Croacia

Si alquilas el barco en Zadar no puedes perderte el archipiélago de las Islas Kornati o Las Coronadas. Es el más mas grande de toda la costa Dálmata, formado por 147 islas e islotes  Su extensión terrestre es de 64 km2 y ocupa un area de 234 km2. La leyenda cuenta que en realidad son 365, como los días del año. Inacabables para navegar por ellas.

La isla mas grande de este archipiélago es Kornat, en la que se encuentra el Parque nacional de la Kornati. El emperador Plinio le dió el nombre de“Cratea” y desde entonces su denominación ha variado en algunas ocasiones, Insula Sancte Marie, Stomorin Otok, Tarak y Tureta, finalmente en el S. XVII se denominó Coronati.

Existen datos de que en estos lugares hubo población en la época Neolítica, aunque con el paso del tiempo se empiezan a despoblar hasta el día de hoy en el que no existe población permanente. Por aquí pasaron los Ilirios, que dejan sus huellas en Toreta y Strazisce, los romanos de los que hallamos vestigios en Toreta también, y otros que habitaron las islas en la Edad Media dejando como legado una torre medieval en el islote de Panitula.

En la bahía de Sibenik, se encuentra Murter, isla situada en la parte noroccidental, cuenta con unos 5000 habitantes aprox. Y tiene una historia única que contar, en la localidad del mismo nombre se cuenta que en el S. XVIII, mientras los turcos invadian el pais, los lugareños se refugiaron en el archipielago y crearon su propia forma de vida, agricultura, pesca, ganadería, etc. Tras varias decadas hasta que el asedio finalizó ellos fueron adquiriendo en propiedad terrenos de las islas, hasta que en 1896 se hicieron propietarios únicos, por ello hoy en día la mayoria de los murterianos disponen de una isla, o una parcela de las mismas.

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Qué titulo necesito para alquilar un barco en Croacia

No le des vueltas, es muy sencillo, para alquilar un velero en Croacia te vale el título español siempre que te ajustes a sus atribuciones.
Es decir, si tienes el titulo de PER podrás navegar por Croacia siempre que alquiles un barco menor de 15 metros y no te alejes mas de 12 millas de un abrigo. En caso contrario, está claro que no te va a parar la guardia civil, pero puedes tener problemas con la compañía de seguros y con el armador del barco. En Croacia es bastante poco probable que tengas que navegar lejos de la costa para encontrar cientos de islas a tu disposición, por lo tanto, tu titulo te permite realizar un crucero excelente por la costa dálmata.

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Alquilar un barco en Croacia. La costa de Istria

Istria es una peninsula dividida entre Croacia, Italia y Eslovenia. Hay una tradición de tolerancia entre las diferentes nacionalidades que han vivido ahí, y a pesar de que hoy muchos istrianos son de etnia croata, ha existido durante años una fuerte identidad regional. La palabra croata para los istrianos es Istrani (o Istrijani en dialecto čakaviano). El mismo término Istrani es también usado en Eslovenia. Actualmente la minoría italiana es pequeña, pero el condado istriano de Croacia es bilingüe, como lo son partes de la Istria eslovena.

Uno de los escenarios más famosos de Istria es el sistema montañoso de Ucka, allí se encuentra la cumbre más alta de la región, el Vojak con 1396 m. de altura. Este entorno se ha declarado Parque Natural debido a su amplia flora y fauna, encontrandose allí multitud de especies protegidas. Además también cuenta entre sus atractivos con numerosas grietas y cuevas que son deleite de los espeleologos. La gruta más conocida es la de Pazin, que fue la inspiración de Julio Verne para su novela Viaje al Centro de la Tierra.

Istria es un paraiso de la naturaleza, se respira aire puro, no existe a penas la contaminación de las grandes ciudades, existen preciosas playas, calas, acantilados que nos ofrecen las más bellas panoramicas. Uno de estos lugares son las Islas Brijuni, con una gran variedad de animales que habitan sus 14 islas, un lugar que sin duda merece la pena visitar para conocer mejor la historia de Istria, sus origenes con sus restos arqueologicos repartidos por toda su extensión.

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PRESENTACION DE LIBRO EN CASTELLON

El pasado 14 de noviembre de 2017, en el espacio museo Via Ponticus de Sagunto, hubo una nueva presentación del libro de Ana Capsir, Mil Viajes a Itaca. La sala donde tuvo lugar la presentación está volada sobre una antigua calzada romana, entre los cimientos de un edificio moderno.
El acto fue organizado y presentado por Xavi Villaplana, asesor de Cultura Clásica del CEFIRE.

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PRESENTACIÓN DE LIBRO EN VALENCIA

Mil Viajes a Itaca, el muy recomendable libro de Ana Capsir sobre Grecia y sus islas, fue presentado en el museo L´Iber de los Soldaditos de Plomo de Valencia.

En la mesa de presentación, junto a la autora, estuvieron Alejandro Noguera director del museo y Emilio Garrido, periodista y presentador y director del programa de Radio3, La Bañera de Ulises.

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PRESENTACIÓN DE LIBRO EN MADRID

El pasado 24 de octubre se presentó en La librería Nautica Robinson de Madrid el libro de Ana Capsir, Mil Viajes a Itaca, una visión personal de Grecia y sus islas. Participaron en la presentación, además de la propia autora, Alfonso Jordana, director de la escuela Náutica Avante y Juan Melgar director de la librería.

El libro podéis adquirirlo directamente en la misma editorial.

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VIAJES A ITACA

Tengo una relación sentimental con Itaca un tanto complicada; amores y desafectos, ternuras y resentimientos que se alternan como un hilván de hilo brillante para aparecer y desaparecer de tanto en cuando. Supongo que al conocerla desde hace tiempo, como en todos los idilios hay momentos de euforia y de bajón. Una música oída muchas veces genera la rutina de la sucesión esperada de notas que no te deja disfrutar de la melodía como la primera vez.

Es obvio que esta isla atrae sin conocerla; por su nombre legendario como ningún otro, por su pasado fantaseado en cuentos y poemas que no dejamos de imaginar o releer. Pero además es que su forma de huella de gigante torpe, o de paramecio demacrado, según la mires, abre el apetito de la fantasía. Saber lo que existe al fondo de una enorme bahía oculta por los requiebros de la tierra excita a cualquier navegante. Y lo que encuentras, cuando lo descubres, merece las penas de mil viajes.

Pero si hay algo que me gustaba de la Itaca que hace tiempo conocí era su concierto vespertino. La armonía polifónica era digna de oírse; entonado con solo dos notas y otras dos silabas, comenzaba en un punto lejano y se iba extendiendo por toda la ladera hasta llegar al puerto. Un lamento de His y Hos desacompasados, con contrapunto, entremezclados con algún staccato de hi-hi-hi que acababa en un pianísimo para resurgir otra vez en otra esquina de la gran bahía de Vathi. Llegaba el culmen final enloquecedor, cuando el estruendo de burros se hacía casi imposible, para caer en el silencio que daba paso a la noche. Me encantaba ese canto gregoriano de asnos rebeldes itacenses. En concreto había uno que lo ataban donde acababa el pueblo, cercano a una zapatería de pantuflas de cuadros, que gritaba como ninguno. A veces me atreví a acariciarle y él con los ojos bizcos rebuscaba entre mis bolsas, si las llevaba, y se quedaba quieto y paciente mientras que yo le decía unas palabras amables, aunque eran puros monólogos. Con el tiempo, la orquesta fue menguando y solo quedaba algún solista. El de la zapatería se esfumó y en su lugar apareció una moto. Y yo, no sé muy bien porque no me alcanza la empatía de ponerme a hablar con una moto, pero pasé de largo. Algo se rompió en mi corazón cuando la llegada a Vathi nunca volvió a ser acompañada de esa actuación musicovocal entrañable. La verdad es que en verano ya no se distinguirían bien los borricos cantores de los insultos poliglotas de los patrones de los barcos de recreo que amarran en el puerto, mientras el viento feroz del ocaso entorpece sus maniobras. Qué cantidad de bestiadas puedes llegar a oír en todos los idiomas en una tarde estival. Pero, ves, no me siento motivada a hablar con estos pero si con los otros; es curioso.

La segunda cosa que no tardaron en cerrar fue la discoteca. No es que yo sea bailonga y por eso me lamento, pero es que ésta me gustaba porque se llamaba como solo se puede llamar un tugurio de cortinas de terciopelo rojo: “El pulpo”. Tenía una bola redonda de espejitos que giraba, como gira el mundo, como girábamos nosotros, desbocados, dislocados, desmelenados, con bebidas y dientes fluorescentes, en un sitio donde nadie podía reconocerte. Bueno, con el tiempo esto último dejo de ser verdad y cuando aparecía acompañada de amigos fascinados con la bola y los chupitos de fósforo que servían en la barra, los chavales del pueblo se frotaban las manos y acudían en tropel ante la expectativa de un intercambio cultural con extranjeros/as. Un día ya no estaba; estaban construyendo un supermercado en su lugar. Está claro que no iban a estar esperándonos todo el año mirando la bola, pero sentí una punzada de dolor al distinguir los espejuelos desmembrados en un contenedor de desescombro.

He desarrollado una especie de alergia al cambio de los sitios donde me sentí a gusto alguna vez, una hipersensibilidad a que la modernidad y el turismo lleguen como una plaga exterminadora y arrasen con todo; e intento desafectarme de los lugares amados antes de que esto ocurra. A veces creo que me paso de profilaxis, pero es que no me gusta sufrir. A Itaca, por suerte o por desgracia, he tenido que volver mil veces por motivos de trabajo y la verdad es que los amigos y conocidos que vas haciendo con el transcurso de los años te hacen ver las cosas de diferente forma, te agarran con lazos y te dicen que te dejes de hipocondrías y que no te alejes demasiado. Pero fundamentalmente sabía que si quería reconciliarme con ella tendría que venir fuera de temporada; bien acabado el verano; en otoño, en esa época en que todo comienza su letargo pero aún no ha alcanzado el sueño invernal.

Había encontrado una antigua fotografía de la entrada al puerto de Vathi en la que se veía a un hombre llegando al puerto en un pequeño velero con los brazos abiertos y la emoción de la ansiada arribada en su cara. La instantánea, ya amarillenta, era de los años 50 y llamó mi atención por varios motivos. Primero porque era un griego que había cruzado el Atlántico norte a vela en una pequeña embarcación de 8 metros sin motor, lo que era un hito desconocido para mí, pero fundamentalmente porque el paisaje que aparecía tras sus brazos era exactamente igual al que yo contemplaba en el presente; las mismas montañas vacías. Sorprendente. Y yo una exagerada fatalista. El caso es que el épico viaje está relatado en un libro escrito por el mismo navegante, Sabbas Yeorgiu, y encabezado por la siguiente frase:
«….εσύ που είχες την καλοσύνη & την υπομονή να διαβάσεις αυτό το βιβλίο, πήγαινε στη θάλασσα, αν δεν έχεις πάει ακόμη. Θα λυτρωθείς. Ανάμεσα ουρανού και θάλασσας το μυαλό σου θα λαμπικάρει. Θα νοιώσεις ελεύθερος. Πήγαινε…..»

“…tú que tienes la amabilidad y la paciencia de leer este libro, vete al mar, si no lo has hecho todavía. Te redimirás. Entre el cielo y el mar tu mente se depurará y te sentirás libre. Vete…”

Desgraciadamente solo se hizo una edición limitada y el libro es por el momento difícil de conseguir. Pero el dueño de la tienda donde encontré la fotografía desencadenante de mi curiosidad me dijo que si le daba tiempo me lo fotocopiaría. Tiempo. Desde entonces cada vez que paso por Itaca me asomo a su establecimiento con la ilusión de que el tiempo haya sido suficiente. Pero esto es Grecia y como tal cualquier espera requiere de mucho estoicismo. Pasaron los meses con una letanía de:

– Lo siento, no he tenido un minuto. – Dijo.
– Vale- Dije.
– Mañana me pongo.-Dijo
– Estupendo.-Dije.
– ¿Podrías venir la semana que viene? -Dijo
– Sí, claro.- Dije
– Cuando acabe agosto lo tengo fijo.- Dijo
– Mira, en Octubre, antes de volver a España, cuando ya estés más libre, me pasaré por aquí y si quieres lo fotocopio yo misma.- Respondí ya como un ultimátum.
– Una idea excelente. En octubre.- Dijo.

Y volví en octubre pero estaba de vacaciones en Patrás. Esta vez no dijo nada pero me prometió por teléfono y por no sé cuántas cosas y ascendientes suyos que me lo enviaba por correo. Todavía miro el buzón con inocencia.

De todas formas, los días pasados en octubre en la isla, mientras localizaba a Mr Tiempo infinito, dejaron en mí la ternura de un amor recuperado. Al acabar el verano es como si recogieran el escenario de un teatrillo callejero o las sillas de una procesión y todos regresaran a sus quehaceres comunes. Los aperitivos al sol, los cafés repletos durante los partidos, las salidas a pescar y las tertulias de plaza. Parecía increíble que unos días atrás solo hubiera navegantes rugidores de polos coloridos. Me senté a contemplar el sol sobre el agua inquieta y abrí los brazos emulando al individuo de la fotografía. Idéntica isla, idéntico paisaje al que vio ese hombre hace 65 años. Todo permanecía en su sitio. Alguien se acercó por detrás con sigilo.

– Hola Ana ¿Cuándo has llegado?
– ¡Vassilis! ¡Qué sorpresa! Llegué ayer desde el Egeo. ¿Y tú? ¿Cómo te va la vida?
– Muy bien, vengo de tocar la trompeta, vuelvo a ensayar con la banda ¿Nos vemos esta noche en la taberna?
– Hoy no, Vassilis, dale recuerdos a Harula. Hoy debemos comernos un pescado que cogimos ayer y si no se estropeará.
– Ay, ni hablar ¡Os lo cocino yo! ¿Cómo no vas a venir esta noche a mi taberna? Esta noche tú pones el pescado y al resto os invito yo para celebrar que ya ha pasado la vorágine.

Qué cosas tiene la vida. Según escribía esta entrada y ya a punto de presionar el botón de publicar, hace una hora, he recibido un correo de una editorial de Atenas, de las muchas a las que escribí, diciéndome que me mandan el libro. Así que ya tengo un interesante trabajo por delante.
Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.