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21/11/2014

PUERTOS GRIEGOS: GYTHIO

Al navegar por aguas protagonistas de cuentos y leyendas tienes asegurado el caer bajo el conjuro de visitar lugares donde antes habías estado sin saberlo; una extravagante fabulación intelectual donde lo leído, soñado o escuchado tienen la manía de confundirse con lo vivido. El conjuro es más fuerte con el paso del tiempo.

Gythio tiene ese sorprendente parecido con algo ya experimentado. Un anfiteatro de casas frente al puerto que han sido espectadoras de trascendentales momentos y sucesos; donde se han representado grande dramas, donde se puede ver la isla de Kranai, con ese Paris enamorado o soberbio y esa Helena, entregada o aterrorizada, como quiera escenificarlo el director, en su primera noche tras la huida del palacio de Menelao. Gythio venida a menos con los años. Con sus fachadas de hermosa decadencia y sus hoteles envejecidos a fuerza de recibir visitantes que no paran quietos y no se quedan en la ciudad para destriparla a base de paseos y cafés. Gythio dormida a la sombra del Mani o de Mistra, destino de los turistas madrugadores. Gythio reformando su puerto para alojar a los grandes cruceros que desembarcarán ingentes cantidades de viajeros que con toda seguridad saldrán zumbando hacia los sitios más conocidos.

Si quieres conocer un poco Gythio lo mejor es coger una de las bicicletas municipales a tu disposición en algunos Kioscos. Solo tienes que entregar el DNI para poder disfrutarla todo el tiempo que quieras. Aunque estamos acostumbrados a las singularidades griegas esto es más propio de un país aristocrático que de uno arruinado; pero en los tiempos que vivimos, en los que te cobran hasta por el aire que respiras, estos detalles alegran la vida, en el sentido más literal de la expresión. Bueno, hay un punto triste; el verlas pinchadas sin que nadie las arregle. Teniendo en cuenta lo poco que cuesta arreglar un pinchazo, si descontamos ir a buscar el material, y si los mismos kioscos tuvieran parches y cola, sería un curioso experimento dejar al libre albedrío de los usuarios el arreglo de neumáticos. ¿O no? ¿Ni siquiera así nos podríamos organizar?

Otra curiosidad de Gythio es que en la plaza más cercana al puerto, donde van a parar los turistas, hay dos sedes llamativas. Una desgraciadamente es la de la aurora de los huevos dorados, con sus banderas negras cubriendo el balcón de forja y su estética Mein Kampf que no ha variado un ápice desde hace más de medio siglo. Te desvía la mirada y casi no te percatas de que detrás, en otro balcón igualmente de forja, está la sede del Olimpiacós, con su bandera verde esperanza. Parecerá una banalidad, pero el encontrar una base de un equipo de futbol del Pireo, aquí al sur del Peloponeso, no se puede entender bien si no tenemos en cuenta que esto es Esparta y no analizamos un poco la historia futbolera de este país.

El derbi de los eternos enemigos,  Ντέρμπι των αιωνίων αντιπάλων, es cualquier partido que enfrente a los dos equipos principales en Grecia; el Panathinaikós y el Olympiacós. Como siempre en estas rivalidades podosféricas, hay que hacer arqueología social para llegar al meollo de la cuestión. El Panathinaikós, fundado en 1908, se nutre de aficionados de Atenas y fue desde el principio tildado como el representante de la clase alta social de la capital. Por su parte, el Olympiacós fue fundado en 1925 y proviene de El Pireo, de la clase trabajadora, de los astilleros, del puerto sucio, de los refugiados expulsados del Asia Menor y si me apuras hasta de la rebética.  El éxito del Olympiacós tras su creación se interpretó como el triunfo de pobres sobre los  ricos y se convirtió en el equipo de los parias de la tierra oprimidos, alzados como famélica legión frente a una pelota de lunares.

No es extraño que estos descendientes de Esparta prefieran ser del Olympiacós, antes que del equipo de los atenienses, sus αντίπαλοι, enemigos, de verdad . Pero lo extravagante es que tuvieran una sede tan grande en el centro de una pequeña ciudad a muchos kilómetros del Pireo. Nunca antes lo había visto. Me pareció como una declaración de intenciones.

Suponer, idear, fantasear, recordar, elucubrar…

– ¿Esparta? ¿Para qué queréis ir a Esparta? Mejor Mistra. Es algo espectacular.

– Pero es que era Esparta la que salía en los tebeos, con Leónidas y los 300; Mistra nunca.

La verdad es que en Esparta no hay grandes cosas que ver. Un grupo de apenas 5 personas trabajaba en sus ruinas, que son de entrada libre y que te encuentras de sopetón, paseando por la desangelada ciudad moderna. Uno de los trabajadores fue muy amable y nos explicó que se ocupaban de un edificio,  supuestamente de finalidad religiosa, pero que apenas habían llegado a la capa romana; les quedaba un mundo por excavar hasta alcanzar algo perteneciente a la época clásica. El presupuesto era tan apretado y hay tantos restos en los que trabajar en este país que probablemente no llegarán nunca.  Además estas ruinas habían sido saqueadas siglo tras siglo, dominación tras dominación;  las columnas y pilares se habían utilizado en la construcción de otras edificaciones modernas. Los de antes y los de ahora, empecinados en borrar a Esparta y convertirla en un parque de piedras anónimas para paseantes.

Pero no se viene aquí solo para ver, si no para ensoñar, imaginar, evocar, inventar, recordar, representar, rememorar, revisitar… Jugaba yo a encontrar calificativos y sinónimos cuando me di cuenta de que  mi interlocutor se había quedado mudo.

– ¿Qué te pasa?

– Que me resultan muy familiares esas montañas y este valle.

– Ah ¿Si?

– Tengo la impresión de que yo ya he estado aquí anteriormente.

– Ja, a ver si resulta que tú has sido espartano en otras vidas. Pues yo siempre he sido más de la Atenas de Pericles, que quieres que te diga, lo del rigor espartano y despeñar a los deformes por las montañas no me va. Prefiero lo de “amamos la belleza y el arte sin desmedirnos y cultivamos el saber sin ablandarnos”. Eso de separar a los niños de sus familias para hacer la instrucción militar, pues que quieres que te diga… ¿No serías un esclavo ateniense?

– No.

– Manumitido, quiero decir.

La cosa se caldeaba y los espartanos siempre tuvieron fama de duros guerreros. Era mejor dejarlo ahí.

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

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