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20/01/2014

Islas griegas: Tasos y sus bárbaros

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.
No me gustó la mirada de esos viejitos sentados bajo el plátano en un banco. No me gustó y me preguntaba que hacían allí en vez de estar en un café o paseando por la orilla mirando al agua y charlando. Si algo tienen estas islas es una bondadosa vejez, ya te conocen en todos lados, ya te sirven el café como te gusta sin preguntar, ya puedes despotricar a voz en grito sobre lo que te venga en gana sin que nadie piense más allá de “ya está Mijalis con su murga”. Pero la verdad es que desde donde estaban se veía poca cosa; el mar a duras penas.

En Tasos todavía es posible admirar el muelle de lo que fue un espléndido puerto de mármol. En sus épocas gloriosas de minas y comercio de metales preciados, dicen que incluido el fondo de la dársena era también de esa codiciada piedra; siempre he pensado que para incordio de los capitanes que quisieran echar el ancla, la notaría deslizarse con desespero por su superficie pulida y blanca, acordándose mucho del diseñador del momento. La verdad es que esas naves ligeras fácilmente se varaban en la playa. Ahora incluso, el varadero sigue en el mismo sitio; un privilegio histórico. Y detrás, entre frías casas modernas de hormigón paleto, los restos de la antigua ciudad y su teatro; destruidos, claro. No importa, lo nuevo y lo viejo pueden convivir sin molestarse, o molestándose solo un poco. La isla esmeralda, como la han llamado algunos a los que les gusta calificarlo todo, es una montaña cubierta enteramente de pinos mayúsculos que dan sombra a los caminos y a las fuentes; el resto, playas de arena sobre un mar tranquilo alrededor. ¿Qué más se puede pedir para ser una encantadora de viajeros?

Pero los abuelos bajo el árbol no podían ver nada de eso, se lo tapaban los toldos, las mesas llenas de botes de Kétchup y los anuncios de Happy  hours  y combinados diabólicos ¡Más de 200 tipos de cócteles!

La primera noche que pasamos nos costó encontrar una bahía agradable, todas sembradas de hamacas y bares estridentes, dejaban poco descanso visual y al final, la elegida, no fue lo esperado, con el chunda- chunda y los bramidos que venían de un hotel cercano. Es posible que fuera una cosa anecdótica, mañana, ese puerto de mármol nos tenía reservadas las delicias de esta isla hermosa de la que todos contaban maravillas.

Pero nada más llegar, los viejos. Y antes, lo nunca visto, ninguno de los tripulantes de los barcos vecinos vino a esperar nuestras amarras, solo nos miraron desde sus bañeras. Y después, paseando por el esperado puerto,  a todo el que preguntábamos por la calle era hosco y desagradable. ¿Ha habido una guerra nuclear? Es imposible que de Limnos a aquí haya cambiado el mundo. El pueblo nos exhaló una bocanada de amargura que nos dejó helados.

Tasos es la más septentrional de Grecia y comunicada con el continente por Kavala, ya muy cerca de la frontera con Bulgaria. Esta proximidad y la facilidad de acceder a bebidas alcohólicas relativamente baratas la ha puesto de moda entre turistas de poco presupuesto y mucha sed;  por desgracia Tasos les ha dado lo que pedían: playas cubiertas de tumbonas de colores que impiden el acceso al que no esté dispuesto a utilizarlas, tan pegadas las unas a las otras que distinguen a la playa como la verde, la naranja o la azul; músicas atronadoras de ritmos patateros,  destellos de luces y promesas de juergas perpetuas; los tour operadores se encargan del resto. Lamentablemente familiar.

La historia de este país es una sucesión de invasiones; romanos, persas, bárbaros, otomanos;  los hubo brutos y devastadores que destruyeron todo a su paso, o ilustrados y sensibles que se quedaban sorprendidos por lo que veían y simplemente lo tomaban y lo copiaban. Entre los  invadidos hubo resistentes numantinos, pero también los que se entregaban sin batalla y con indolencia. El país  que hoy conocemos, es el resultado de estas oleadas ocupadoras y de otros tantos actos heroicos por no dejarse aniquilar. Pero ahora la invasión más contaminante, el turismo; esa que busca lo mismo que tenía en su casa pero en allí en lejos y remoto, ya sea Bali o Cancún; acecha todo lo que sea distinto para correr un manto nivelador y convertirlo en un uniforme. Es dañino y devastador. Cuando te quieres enterar ya no encuentras ni la plaza, ni el café; a duras penas la puerta de tu casa. Entonces te entra la amargura y culpas al extranjero que te pregunta y saluda, pero ya es tarde.

– En la isla de al lado dicen que sus habitantes se han levantado en armas para que se prohibiera un festival de música tecno.

– Pues vamos allí ¿Cómo se llama?

– Samotracia.

Me vino a la memoria un sugerente poema de Kavafis: “Esperando a los bárbaros”

 

¿Qué esperamos reunidos en el ágora?

Es que hoy llegan los bárbaros.

¿Por qué el Senado está inactivo?  ¿Qué pasa que los Senadores no legislan?

Porque hoy llegan los bárbaros. ¿Qué leyes pueden hacer ya los Senadores? Los bárbaros legislarán cuando lleguen.

¿Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano  y está sentado en la puerta principal de la ciudad,  solemne en su trono, luciendo la corona?

Porque hoy llegan los bárbaros. Y el emperador espera recibir a su jefe. Hasta ha preparado un pergamino para entregarle. Allí ha consignado muchos títulos y nombres.

¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron hoy con sus rojas togas bordadas?  ¿Por qué llevan brazaletes con tantas amatistas,  y anillos con espléndidas y brillantes esmeraldas,  por qué empuñan hoy preciosos bastones  magníficamente recamados de oro y plata?

Porque hoy llegan los bárbaros, y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

¿Por qué los ilustres oradores no vienen como siempre  a echar sus discursos, a decir sus cosas?

Porque hoy llegan los bárbaros, y a ellos les fastidian la elocuencia y las arengas.

Por qué comienza de pronto esta inquietud  y confusión. (Qué serios se han vuelto los rostros.)  ¿Por qué se vacían rápidamente las calles y plazas  y todos vuelven a sus casas muy pensativos?

Porque anocheció y los bárbaros no han llegado. Y algunos que han venido de las fronteras  dijeron que ya no hay bárbaros.

Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.  Esos hombres eran alguna solución.

 

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