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22/11/2013

El puerto de Agios Stratios

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.

Sabíamos que Agios Stratios tenía mal puerto, o dicho de otra forma, no tenía puerto ninguno para pasar una noche confortable, pero las veces que habíamos pasado por su cercanía, el embrujo de las islas pequeñas, tan remotas, y que se puso encendida, roja de pura vergüenza, cuando cayó el sol en el mar; le daba un espíritu tan cálido, que nos lanzó una invitación a recorrerla. Ya imaginábamos los aromas de sus caminos polvorientos y los paseos acompañados de arañas, moscas y avispas que nos ofrecerían esas piedras coloradas para llegar a sitios inimaginables. Llegamos ya de noche.

El puerto es verdaderamente minúsculo y un antiguo ferry desvencijado ocupaba la mayor parte del muelle decente; la ola daba la vuelta al malecón y se adentraba hasta la playa. Dos barcos más espabilados, que habían llegado antes, se habían abarloado y solo nos dejaban espacio para amarrarnos con ancla de popa al muelle. La previsión era que rolara al sur por la noche, de lo contrario estábamos perdidos; los vecinos amarrados de costado pegaban unos tremendos socollazos, nosotros, atravesados a la ola podíamos esperar una noche inolvidable si aquello no cambiaba.

El pueblo es tan pequeño que lo recorres en nada, pero como estaba oscuro esperé que la luz del día me diera más pistas para componer un relato. A lo único que aspirábamos en esa primera ojeada era tomarle el pulso y que nos vendieran pan.

– Mañana por la tarde.

Mira que es raro una isla en Grecia sin pan ¿Será que lo traen con el  Ferry? Pues no será este, mira que bollos tiene, sí, el pobre está para el arrastre y además es muy pequeño ¿Qué tendrá 30 metros? Algo así. Pues mira que de manga; parece un  flautín. No, este debe estar criando malvas. Se llama Aeolis ¡Pobre Aeolis abandonado! ¡Pobre su capitán cuando lo vea! Porque a los barcos se les quiere, aunque sean esmirriados cómo Aeolis ¡A esos más! Como a los hijos tontos.

Andábamos con la chunga y las bromas cuando un vecino nos alertó de que el tal Aeolis salía a las 6 y media de la mañana y que igual le molestábamos. ¡Vaya con Aeolis! Nos fuimos a constatar con su tripulación si realmente le estorbábamos y como no veíamos a nadie subimos a bordo por la rampa de popa. El barco era tan pequeño por dentro como por fuera, a lo sumo podría llevar 4 coches y 30 personas. Pero volvería cargado de pan.

– ¡Uy! aquí huele como a pintura.

Nuestros pies se quedaron pegados a su cubierta; habíamos entrado mirando hacia arriba, hacia el puente, sin percatarnos que en medio de tanta chapa oxidada relucía un sendero verde brillante y que las brochas y los botes descansaban a un costado, recién dejados, recién acabado, recién pintado. La fortuna quiso que no dejamos huellas delatoras y pusimos pies en polvorosa hacia nuestro barco; ese que desde lejos veíamos balancear ostensiblemente ¡La madre que nos parió!

No pasó ni una hora hasta que vino un simpático chaval a decirnos que sí, que molestábamos la salida del ferry, tanto nosotros como nuestros vecinos y que a las 6 y cuarto, todo lo más, debíamos salir. Perdonar la molestia, pero luego volvéis a amarrar y tan ricamente os quedáis hasta las 5 que vuelve Aeolis otra vez; esta sí cargado de pan; y nuevamente debéis salir y entrar. Y que conste que lo sentimos pero… ¿Todo de vuestro gusto? Sí, sí, claro. Ya los vasos y los platos corrían por la mesa de un lado a otro.

El viento roló y amainó como esperábamos, pero fue entonces cuando empezó lo peor, nos caímos de la litera varias veces y vimos pasar las horas, una tras otra, hasta la salida de Aeolis. Nuestros vecinos, siempre más espabilados, se piraron sobre las 5. La verdad es que era mejor navegar en medio de la noche que sobrevivir en el puerto. Se desvanecían mis  esperanzas de isla sonrosada, los paseos, los caminos, las playas, los manantiales de agua caliente.

En este país de caos organizado, las deficiencias se suplen con buena voluntad y las cosas funcionan dando por descontado la colaboración de todos. Es necesario que tú seas un καλό παιδί  (buen chico)  y por tanto tienes que tener un καλή καρδιά  (buen corazón). Pero no todo el mundo es igual y yo me preguntaba ¿Qué pasaría si los yates remoloneaban en la cama y se retrasaban? ¿Y si un imprevisto impedía desamarrar a alguien? ¿Qué haría el capitán? ¡Pobrecillo capitán! Que desespero, con sus pasajeros en cubierta ¿Y cuando volvía a las 5 y los propietarios de los veleros deambulaban todavía por las playas?  ¿Tendría que esperar en la bocana? ¡Pobrecillo! ¿Y qué me dices de los temporales de invierno? ¿Y las averías de aquel viejo cascajo repintado? Ah, el capitán del Aeolis era  un héroe, con gotas de sangre de legendarios argonautas corriendo por sus venas, que llevaba el pan a su isla, a los enfermos al médico y a algún funcionario a su trabajo.

Me acordé de una noticia aparecida en la prensa sobre la retirada de subvenciones al transporte marítimo, en Grecia, a islas poco habitadas, dada la situación económica del país. Que melopea cogí pensando en el destino de Aeolis. Y que rabia de que se pudiera llegar a deshabitar esta isla colorada.

A las 6:30,  encendió sus luces y salió como un reloj. No vi más que a cuatro gatos en su cubierta, literal, porque algún minino de los que se cobijaban en sus entresijos por la noche, concretamente el más pasmao, podía realizar, con toda probabilidad,  un viaje imprevisto a los cubos de basura de Mirina, en Limnos y de paso a mejorar la raza con cruces interinsulares.

Seguimos rumbos paralelos un rato, luego Aeolis se perdió entre los dedos de rosa.

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