BLOG

17/03/2013

Transporte en invierno 3: Arpías

Post publicado en nuestro blog Navegando por Grecia.
Hace tiempo que no escribo y de hecho cada vez que abro esta pantalla azul me dan ganas de salir corriendo. Creo que se llama desanimo, desidia o desmotivación. O también es el nombre algunos virus que pasan por mi lado y deciden quedarse conmigo una temporada, o de accidentes de bicicleta que me dejan medio pallá, medio paquí. Así que creo que como terapia debería intentar acabar con este transporte que habíamos dejado en Sunio. El sagrado Sunio. Por cierto acabo de leer que está en venta; he preferido no creerlo para que no me den ganas de cerrar esto otra vez.

El viaje transcurrió sin imprevistos, el Egeo estaba sereno y llegamos al canal de Corinto de madrugada. Nos hicieron cruzar inmediatamente, en la más tremenda soledad y mientras lo hacíamos, por el este amanecía. Como dicen los griegos οταν χαράζει, cuando raya, el alba claro. Me gusta mucho está expresión; mucho más que el αυγή, la aurora, de los huevos (Aurora Dorada es el partido Neonazi).

El canal de Corinto, como todas estas obras mastodónticas de excavar senderos para que pase el mar entre las montañas, aparece como otras veces, impresionante; deja esa raya de cielo oscuro sobre nuestras cabezas.

El primer gobernante que intentó construirlo fue el tirano Periandro de Corinto, uno de los Siete Sabios de la antigua Grecia, alrededor del año 630 a. C. Pero desistió porque la Pithia, la pitonisa del Delfos, en su oráculo melopéico, balbuceó: “No hagan una torre en el istmo, ni caven a través de él”. No sé si conocía Periandro que los promotores de este oráculo habían sido los sacerdotes de los templos corintios. Temía, esta curia, que si se construía un paso permitiría a los barcos pasar sin pararse y dejarían de recibir las ricas donaciones y regalos que se les hacían. Los clásicos ya sabían de prevaricaciones y cohechos.

Una vez ya ha amanecido ¿Qué sentido tiene parar? Así que decidimos continuar hasta donde pudiéramos, pues aunque sin viento apenas, las olas que venían del oeste, presagiaban que no avanzaríamos mucho.

El golfo de Corinto es uno de esos casi-lagos rodeados por montañas elevadas que encauzan los vientos, de forma que sea la dirección que sea la que tenga el viento real, allí solo sopla o el señor del este o el señor del oeste, por el pasillo que le dejan. El viento levanta un mar que no corre libre, si no que rápidamente se encuentra encajonada entre la tierra y busca su salida retornando en forma de corrientes, a veces bastante importantes.

Aquel día debía estar soplando el oeste ya en Rión, el punto más estrecho, y la corriente encrespaban las olas que llegaban y las convertía en muros de agua, paralelos, verticales y seguidos; así que el barco avanzaba como un caballo encabritado, pegándose de bruces con las paredes. Es de esas veces en las que no hay nada más incómodo que navegar. Además intentar pasar el estrecho Rión- Antirrión en esas condiciones es un error; lo que aquí ocurra, allí estará multiplicado por tres. A motor, entre salto y salto, será penoso, con estas olas tan cortas y sumadas a la corriente en contra; no creo que avancemos más de medio nudo; y a vela, dando bordos para atinar el ojo del puente por donde te dice el control de tráfico que debes pasar, puede ser interminable.

Una retirada a tiempo es la mejor de las victorias en esto de viajar en barco, así que nos fondeábamos en una bahía bajo el Parnaso y nos dispusimos a pasar una tarde de lectura intensa y de incursiones en internet. Así me enteré de que cerca de allí había una pequeña isla llamada San Athanasio. Estaba en venta.
Una vez consigues cruzar el estrecho de Rión, entras en el golfo de Patrás, el embudo se abre y ya puedes oler el mar abierto. El agua es más libre en esta parte y las corrientes y las olas son más manejables. Al fondo se ve ya Oxia, el final del golfo, la puerta al Jónico. Un calificativo bien merecido pues cuando llegas a ella y la abres, sabes que el viento cambiará de dirección y sí sopla fuerte del noroeste, por su cara de sotavento bajaran fuertes turbonadas que más te conviene tenerlas previstas si no quieres ver tus velas hechas jirones. Es muy imponente Oxia.

Oxia no está en venta. Ya la han comprado.

Lo que empezó siendo un rumor, algo así como un absurdo que nadie creía, ha acabado convirtiéndose en realidad: Grecia vende sus islas para saldar su deuda. Esta noticia se publicó en The Guardian en el 2010 (leer artículo original) y todos dijimos:

– ¡Hala!

Pero no fue ala, si no también pechuga y hoy los mercados poderosos, los que provocaron la deuda, los que causaron la crisis, los que pidieron los recortes, los que les tildaron de vagos y corruptos, los que volvieron la cara al sufrimiento, esos, se reparten Grecia a pedazos. Ni las más crueles Arpías de las peores leyendas mitológicas de los más terribles castigos divinos, habrían trabado mejor el suplicio. Me recuerda a Prometeo; por la noche una águila da cuenta de su hígado, por el día le deja sanar para poder continuar con el festín nocturno.
No sé si seguir con esto. Por lo menos un poco de descanso, que se hace muy largo y muy triste.

Navegando por el Mediterráneo
About admin

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *